|
|
|
|
|
No existe,
ni ha existido quizás, anhelo más grande para el estudioso
del fenómeno Guadalupano que el descubrimiento de un nuevo
documento que ayude a corroborar los datos ofrecidos por la tradición
o bien que la refute finalmente. La gran escasez de testimonios
históricos escritos contemporáneos al suceso del Tepeyacac
ha forzado la interpretación de los pocos existentes, que
han sido prácticamente desmenuzados y exprimidos en la búsqueda
de detalles que ayuden a esclarecer los orígenes del culto
y la posterior elevación de la imagen guadalupana al grado
de símbolo nacional.
El problema de la escasez de fuentes ha sido debatido
profundamente desde mediados del siglo XVI . No fue sino hasta 1648,
con la aparición del libro de Miguel Sánchez y posteriormente
el de Luis Lasso de la Vega,
|
 |
|
que la tradición de las apariciones de la
Virgen en México comenzó a tener un fuerte arraigo
entre la población y entre los intelectuales de la época,
por lo que se hizo necesario un conocimiento más profundo
de los acontecimientos del Tepeyacac. Así, tanto los que
apoyaban la historia de las apariciones como los que la repudiaron
tuvieron la necesidad de contar con documentación que apoyara
sus posturas. Sin embargo, pronto fue notoria la inexistencia de
fuentes escritas contemporáneas al suceso, situación
para la que se argumentaron diversas teorías, entre las que
se encuentran la escasez del papel en la Nueva España, el
silencio comprensible de los cronistas, que al pertenecer a una
u otra orden religiosa tenían válidas razones para
callar, o incluso la acción de los elementos naturales, que
habían ayudado a la destrucción o pérdida de
los testimonios. La verdad es que para mediados del siglo XVII la
ausencia de documentos era tan notoria corno lo es hoy, y esta fue
particularmente visible en las expresiones con las que algunos de
los primeros estudiosos -y aun los apologistas de las aparición-
se quejaban del lamentable olvido de más de cien años
en que había caído tan significativo acontecimiento,
debido en gran parte a la falta de capacidad y atención que
habían mostrado sus antecesores es para custodiar para la
posteridad papeles o relaciones escritas acerca de la Mariofanía
de Guadalupe.
De este modo, y debido sin duda a la práctica
común de los autores de la de incluir -o copiar- fragmentos
de otros escritos ajenos en los propios sin necesidad de dar créditos,
hoy no es posible sino tratar de comparar las fuentes de algunos
de los documentos considerados como fundamentos de la tradición.
Tal es el caso del multinombrado Huei Tlamahuiçoltica
de Luis Lasso de la Vega, que es una relación detallada de
las apariciones escrita en náhuatl.Esta relación "original",
conocida en la actualidad con el nombre de Nican Mopohua , contenida
en el texto de Lasso de la Vega, no fue publicada sino hasta 118
años después de las apariciones. La fuente utilizada
por Lasso de la Vega hoy nos es completamente desconocida. Sin embargo,
a pesar de que él repetidamente se adjudica en el texto la
autoría de las palabras y el relato de las apariciones, es
inverosímil que haya poseído el conocimiento necesario
para escribirlo. Es únicamente debido a los conocimientos
de la teogonía indígena contenidos en él, y
a la valiosa opinión de expertos como Miguel León-Portilla,
que se acepta que el Nican Mopohua fue escrito hacia mediados del
siglo XVI, y que su autor debió ser una mentalidad india
o mestiza cuyas palabras fueron simplemente transcritas o compiladas
por Lasso de la Vega. Aquí es necesario mencionar otro texto,
descubierto más o menos recientemente. Se trata de el Inin
huey tlamahuiçoltzin, narración que parece derivar
de la tradición del Nican Mopohua, sobre el que incluso no
ha faltado quien ve en él el texto primigenio utilizado por
Lasso. Pronto veremos que esto resulta imposible.
El relato de las apariciones, si bien tiene un profundo
origen en el contexto indígena, sigue fielmente las tradiciones
católicas y el machote de la gran mayoría de las apariciones
en territorio español, tan comunes durante la etapa de la
Reconquista e incluso unos tres siglos atrás. El Inin huey
tlamahuiçoltzin, hoy reconocido como un sermón escrito
probablemente en el Siglo XVIII, se ajusta aún más
que el Nican Mopohua al esquema prototípico de las apariciones
españolas, lo que demuestra que su autor tenía un
amplio conocimiento del tema. La naturaleza "criolla" o jesuítica
del Inin huey tlamahuiçoltzin es uno de los factores que
le confieren más interés como documento de índole
probatoria. Los conocimientos de ambas culturas eran vitales para
su redacción, y sobre todo, fue necesario el conocimiento
de datos solamente difundidos a finales del XVII y principios del
XVII y principios del XVIII . En este texto llaman la atención
muchos detalles relacionados con su contenido. El Inin huey tlamahuiçoltzin
descarta los nombres de los personajes asociados a las aparición,
fundamentales en el Nican Mopohua. En él no hay menciones
a Juan Diego, a Zumárraga, a los sirvientes del Arzobispo,
a Juan Bernardino, y más interesante todavía, al nombre
de la Virgen de Guadalupe. Este último sólo aparece
en el título, que por demás parece estar aislado del
cuerpo del texto. Los diálogos están sumamente modificados
y recortados. Finalmente, la copia traducida de este documento existente
en Nueva York establece claramente que se trata de un sermón,
y no una relación, como se ha querido ver en los últimos
tiempos.
La letra en que está escrito el manuscrito
es claramente del siglo XVIII, y no existe un solo argumento que
apoye la versión de que se trata de la copia o transcripción
de un documento mucho más antiguo. Esta idea del Padre Garibay
Kintana es amplia y eficazmente criticada por Edmundo O'Gorman en
su Destierro de Sombras.
Dado que no fue sino hasta muy tardíamente
que se comenzaron a conocer y difundir los datos "biográficos"
de Juan Diego, el supuesto vidente, sólo queda decir que
eran ya conocidos para el tiempo en que fue escrito esta sermón.
La presencia real de Juan Diego en la devoción data apenas
de 1666, fecha antes de la cual sólo era conocido su nombre
y su supuesto lugar de residencia, Cuauhtitlan. Fue durante las
informaciones de 1666 que surgieron a la luz una gran cantidad de
datos acerca de la vida piadosa de Juan Diego. El contenido de estos
documentos es el resultado de una convocatoria de la Iglesia para
que algunos "indios viejos dijeran, bajo un cuestionario, lo que
sabían de Juan Diego y las Apariciones". Sin embargo, para
entonces habían pasado ya más de 134 años del
acontecimiento Guadalupano, y por más que algunos de los
informantes tuvieran hasta 115 años de edad, sólo
podían hablar de hechos en los que no habían estado
presentes. Sea como sea, el caso es que gracias a estos "testigos"
se supo de Juan Diego había sido un indio piadosísimo,
que había estado casado (y más aún: había
sido casto hasta el deceso de María Lucía, su mujer,
situación que continuó hasta su muerte, al lado de
la imagen del Tepeyacac).
Este es un detalle que resultó de importancia
al hacer el análisis del Inin huey tlamahuiçoltzin.
En las líneas 10 y 12 del folio 51 recto se nombra al vidente
como "icnooquichtzintli". La traducción común de este
término sería varón, "hombrecito". Sin embargo,
el diccionario de Molina da como primer significado"Viudo". Esto,
dado que el náhuatl es una lengua metafórica, querría
decir que era un hombre "sin raíces familiares", "Solitario",
pero dada la forma en que el término es utilizado a lo largo
del texto, parece quedar claro que el significado es tácito:
el autor da por hecho que el vidente es viudo. Esta información
descartaría cualquier posibilidad de que el texto sea anterior
a 1666, pues no existe constancia de que ese dato biográfico
fuera conocido antes de esa fecha.
Existe también otro anacronismo que sería
difícil de explicar para un texto del siglo XVI. En la línea
8 del folio 51 recto se hace la mención de un Arzobispo.
Si las apariciones sucedieron en 1531, este dato sería un
equívoco. Fray Juan de Zumárraga no fue nombrado Arzobispo
sino hasta 1547. El supuesto autor de este texto, suponiendo que
hubiera sido redactado en el siglo XVI, debía estar al tanto
de este detalle.
Otros detalles apuntan hacia el hecho de que se
trata de un sermón, que además fue escrito por una
mano conocedora tanto del fenómeno como de la fe. El título
dado a la Virgen por el manuscrito, "Cemicacaichpochtli Sta. María"
(la por siempre Virgen Sta. María) implica una construcción
lingüística muy poco usual para un hablante nativo de
náhuatl. Este tipo de construcciones fueron utilizadas por
los frailes ante la imposibilidad de que los indios comprendieran
los conceptos teológicos del cristianismo. Incluso se tuvieron
que hacer adaptaciones de atributos de dioses prehispánicos
que estuvieran más al alcance de esta entendimiento tan diverso
al europeo, pero la traducción exacta de los atributos de
la Virgen implica con claridad que el autor no era un hablante nativo
de náhuatl, o bien, que había pasado ya mucho tiempo
desde que esta terminología era aceptada comúnmente
por indios y predicadores. Esto sólo podría haber
sucedido hacia finales del siglo XVII o claramente en el XVIII,
donde tendría una gran utilidad en la redacción de
un sermón.
Finalmente, existe otro detalle que apunta
hacia la autoría del sermón por un jesuita. La "narración"
se ajusta aún más que el Nican Mopohua al prototipo
narrativo aparicionista español. Al vidente se le considera
como un "borracho"; los personajes prototípicos están
sumamente marcados; la estructura es meramente expositiva y cumple
una función específica como sermón. Pongo de
relieve los anteriores aspectos del Inin huey tlamahuiçoltzin
debido a que en muchos aspectos de la crítica de fuentes,
el Códice 1548 o Escalada tiene, como veremos, muchas coincidencias
con el documento de la Biblioteca Nacional.
|
El Códice 1548 o Códice
Escalada
Hace apenas unos años, coincidentemente
con las afirmaciones del Ex-Abad de la Basílica Monseñor
Schulemburg al respecto de que la Virgen y Juan Diego eran sólo
símbolos y no una realidad, un "nuevo documento guadalupano"
hizo su aparición. Fue publicado en el último tomo
de la Enciclopedia Guadalupana por el Padre Xavier Escalada, uno
de los principales apologistas contemporáneos de las apariciones.
Se trata de un documento manuscrito-pictórico dibujado
sobre piel de animal; mide 20 por 13.3 cm. , y se le ha promovido
como "El más antiguo documento sobre las apariciones guadalupanas".
|
|
Poco o nada se sabe del origen de este documento.
Según el P. Escalada, el valioso códice "nos apareció,
desde el nivel de lo desconocido, y lo bautizamos con la data de
su elaboración, que exhibe en su parte superior-central"
(1) .
|
(1)
Escalada, Xavier S.J. Apéndice a la Enciclopedia
Guadalupana, Códice 1548, Estudio Científico
de su autenticidad, prólogo.
(2) Ibid. pág. 1
|
| Más adelante dirá que
"... se encontró un viejo documento, cuyo valor era desconocido
para sus mismos dueños. Sin embargo, pronto fue calificado
como de importancia excepcional, por su antigüedad y por la suma
de datos y pruebas que ofrecía, para la historicidad y credibilidad
de las Apariciones Guadalupanas"(2). Hasta aquí la información
aportada por Escalada acerca de la historia de tan sobresaliente manuscrito.
Durante los cuatro siguientes años, en los cuales el documento
fue sometido a exhaustivos estudios científicos, nada parece
haber sido publicado sobre el códice. No fue sino hasta 1999
que, con la aparición de otra obra apologética (3)
,se aportaron algunos otros datos acerca de su origen. |
|
De él se dice que "Ha sido estudiado en forma
exhaustiva, más que ningún otro códice mexicano
y que fue "descubierto por Casualidad -al parecer, en la ciudad
de Querétaro- en 1995, "Olvidado" dentro de un libro en una
biblioteca particular, cuyo posesor quiso y quiere mantenerse anónimo,
pero accedió a todo tipo de estudios".
|
(3)
González F, Chávez S, y Guerrero R,
El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego
Ed. Porrúa, México, 1999
|
|
La importancia del documento radica en la cantidad
de datos históricos que contiene, tanto en su parta manuscrita
como en su parte pictórica. La imagen reproduce -debe decirse
decirse, con suma ingenuidad- el entorno topográfico del
Tepeyacac en el momento de las apariciones, la imagen de Juan Diego
postrado frente a la Virgen, una construcción con cuerpo
y torre coronada por una cruz, y un pequeñísimo detalle
de la primera aparición en la cumbre del cerro. En la parte
manuscrita se aprecian dos leyendas en náhuatl, la primera
y más larga de las cuales dice:
154-8
Zano ipan in in 315031 ziu
cuauhtlactoatzin omonexti
in totlazonantzin sihuapilli Gadalope mexico
(4)
|
Más abajo, otra inscripción
dice: "omomoquili cuauhtlactoatzin" (murió Cuahtlactoatzin).
A un lado de ésta aparece la polémica firma caligráfica
de Fray Bernardino de Sahagún, y más a la derecha, debajo
del glifo que representa a un personaje sedente, la única inscripción
latina escrita en castellano en el documento, que dice "Juez anton
vareliano".
En suma, el llamado códice 1548 es un documento idóneo.
Para los apologistas, el manuscrito acaba con la multinombrada inexistencia
de manuscritos del siglo XVI alusivos a las apariciones, además
de corroborar el nombre indígena de Juan Diego,
|
(4) "1548
(?) Allá en el año 1531 (?) se le descubrió,
se le manifestó nuestra amada madre a Cuauhtlactoactzin,
señora de Guadalupe México" Versión de Alberto
Peralta. Es de notar que en la construcción del segundo renglón
de la inscripción hace falta el sufijo nominal para Ziuitl
(Xihuitl, año) así como en el tercero el sufijo reverencial
tzino para omonexti, sin el cual la frase pierde el sentido. En
el texto se utiliza indistintamente tanto la S como La Z inicial,
así como la H intermedia, que cumple una función de
saltillo, comúnmente utilizado en el náhuatl central.
|
|
sólo conocido anteriormente por una mención
indirecta de Carlos de Sigüenza y Góngora, así
como la fecha de la muerte del vidente, conocida anteriormente por
una cita de José Ignacio Bartolache y Díaz Posadas.
Sin embargo, la información del "códice" va aún
más allá, porque al incluir una impronta glífica
y caligráfica de Antonio Valeriano es posible -siempre según
los apologistas- validar la teoría de que Valeriano estuvo
al tanto de las apariciones y fue el probable autor del Nican Mopohua,
hipótesis que ha sido largamente impugnada. La presunta participación
de Sahagún en el documento vendría a probar que el
cronista no sólo no se opuso al culto, sino que en cierto
momento de su vida optó por apoyarlo, y de hecho validarlo.
Sin embargo, a pesar de todos los posibles éxitos
del códice 1548, existen en él una larga serie de
contradicciones e incongruencias que los modernos aparicionistas
han pasado por alto. El Padre Escalada, por ejemplo, decidió,
en su bella edición del documento, apoyada en un buen número
de análisis físicos y químicos, publicar sólo
información fragmentaria. A la luz de un análisis
más detenido de ésta, su postura no puede sino parecer
tendenciosa. En las siguientes líneas me aboco a dar respuesta
a muchas de estas inconsistencias en el manuscrito.
Es mi opinión que uno de los más significativos
errores en que han incurrido los modernos apologistas es en el de
utilizar un corrupto sistema de deducción. Tanto él
como el Padre José Luis Guerrero sacan conclusiones, basándose
en pruebas, pero partiendo de una conclusión previamente
establecida y verdadera. Así, por ejemplo, se iniciaron las
investigaciones con la certeza de que el Códice era ya en
sí una prueba irrefutable, por lo que las pruebas aducidas
se fuerzan hacia esa verdad. Partiendo del hecho de que existe una
firma de Sahagún en el documento, sitúan a priori
su factura en el siglo XVI. Lo mismo sucede con el hecho de que
existen grabados de gran semejanza con su contenido, situación
en la que se apoyan para proceder a fecharlo , sin fundamento, anteriormente
a éstos. Ya veremos más adelante que en esto existe
otro error. Pero vayamos por partes.
La firma de Sahagún
Si hemos de ser fieles a las fuentes, Fray Bernardino
de Sahagún, en el libro XI de su célebre Historia
General de las Cosas de la Nueva España dijo que el culto
a Guadalupe (o a la imagen que en aquel entonces estuviera expuesta
a la devoción) era sospechoso y le parecía "Invención
satánica para paliar la idolatría...". Dado que se
sabe que Sahagún escribió la versión final
de su Historia hacia el final de sus días, parece altamente
inverosímil que hacia 1548 hubiera signado un documento de
la naturaleza del "Códice 1548". Hasta donde se colige por
su texto, Sahagún deploró el culto por ver en él
una reminiscencia de la devoción indígena hacia una
diosa de la familia o grupo de Coatlicue, en la que él no
dudó en reconocer a Tonantzin (Nuestra reverenciada madre),
atributo lingüístico que después, presumiblemente
desligado de la deidad, fuera adoptado por la misma iglesia para
hablar a los indios de la Virgen. De acuerdo con el dictamen de
Charles Dibble, debemos aceptar que la firma es auténtica,
como lo menciona Escalada en su libro. Sin embargo, también
es justo acusar el hecho de que la firma fue validada en circunstancias
que dejan mucho que desear. Dibble no tuvo acceso directo al documento,
sino a una copia fotostática. Quizás por ello, en
el fax en el que de su propia mano dio su dictamen, quiso hacer
la salvedad de que "creía" (5) -no aseguraba - que
la firma era la de Fray Bernardino, y que basado en la caligrafía
del fraile, la situaba en la década de los cincuenta o sesenta.
|
Firma
de Fray Bernardino de Sahagún
en el Códice 1548
|
(5 )
Cito el texto de Dibble: 'l have received a copy of codice 1548.
I have studied the signature, and I believe it to be the signature
of Fray Bernardino de Sahagún. I base my conclusions on the
indications of three crosses; the form of the "Fray", the "d"and
the "b". In my opinion the signature is not the same as, that is
not contemporaneous with the 1548 date of the codice. I would assign
the signature to the 50's or the 60's' . Escalada, op cit. p.44
|
| Esta última aseveración,
de gran importancia, fue omitida convenientemente en el cuerpo del
texto de Escalada porque simplemente no validaba la supuesta fecha
dada por el Códice. En el facsímil del dictamen de Dibble
publicado como apéndice del libro puede apreciarse con claridad
cómo fue recortado para que sólo apareciera la primera
parte del texto, donde Dibble da por genuina la firma. Escalada también
decidió omitir en su comentario los dictámenes completos
(6) del Instituto de Física de la UNAM, en los que se
especifica con claridad que tanto la fecha "154-8" como la firma de
Sahagún fueron hechas con otro tipo de tinta, quizás
con la misma constitución química, pero con otro color.
En resumen, puede decirse que la firma de Sahagún, aunque genuina,
es sospechosa; inexplicablemente, el fraile jamás publicó
en adelante dato alguno acerca de las apariciones de Guadalupe, el
nombre indígena o cristiano del vidente, la fecha de su fallecimiento,
ni el supuesto conocimiento de Valeriano acerca del portento. |
|
Las Inscripciones en caracteres
latinos
A simple vista, las inscripciones caligráficas
del Códice 1548 guardan un singular parecido con frases contenidas
en documentos publicados durante el siglo XVIII en apoyo o detrimento
de las apariciones del Tepeyac. José Ignacio
|
(6)
Los dictámenes completos que se ofrecen al final del librodel
Padre Escalada son de naturaleza técnica, y por tanto, áridos
para el lector promedio. Véase Escalada, op cit. p.55 |
|
Bartolache y Díaz Posadas publicó
hacia 1790 una cita de cierto añalejo que había encontrado
en la Biblioteca de la Real y Pontificia Universidad. En los fragmentos
citados puede leerse:
"Acaxiuitl 1531 ... ihuan in Juan
Diego oquimo tenextilli intlazocihuapilli de Guadalupe México
motocayotia Tepeyac" "Tecxia 1548. Omomiquilli, Juan Diego, ynoquimonextilli,
ytlazocihuapilli Guadalupe México"
Del mismo modo, en 1945, Jesús
García Gutiérrez citó en su obra Primer Siglo
Guadalupano, unos anales de Catedral, hoy perdidos, en los que tradujo:
"1548 Murió Juan Diego, al
cual se dignó aparecer la amada señora de Guadalupe
México"
Nótese el extraordinario parecido de las
citas con los textos que aparecen en el Códice 1548. De ambos
documentos se desconoce hoy su paradero, pero lo que sí es
posible afirmar es que ambos estaban en sus repositorios durante
todo el siglo XVII y parte del XVIII, y que de hecho no fueron citados
con anterioridad por ninguna de las facciones enfrentadas en tomo
a las apariciones. La singularidad de la redacción llama
profundamente la atención y no queda sino especular si en
algún momento el autor del Códice 1548 estuvo en contacto
con estos documentos y su contenido. Esto podría ser impugnado
por los apologistas con la afirmación de que ciertamente
fue así, pero que más bien los autores de estos anales
tuvieron en sus manos el Códice Escalada y basándose
en él los escribieron, pero ello no explica por qué
esos datos no fueron citados con anterioridad en otros documentos.
El hecho de que estos anales están extraviados es sin duda
una lástima, pues no seremos capaces de ver si los datos
copiados por Bartolache y García Gutiérrez eran fervorosos
agregados a esos antiguos documentos. Recordemos que según
Bartotache su añalejo corría "desde el año
de 1454 hasta el 1737 inclusive", lo cual no descarta una posible
inclusión de las citas de 1531 y 1548, ambas fechas ampliamente
conocidas a finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando
todavía este añalejo se encontraba en factura.
Iconografía del Códice 1548
Llama profundamente la atención que ningún
investigador haya hecho hincapié en la iconografía
del Códice Escalada. Si bien se trata de un documento extraordinariamente
pequeño, su contenido iconográfico es de gran interés.
Como he dicho anteriormente Escalada hace notar, sin fundamento,
que el documento "sirvió de base para el grabado utilizado
por Luis Becerra Tanco para su Felicidad de México". Es de
notarse un extraordinario parecido que tiene el Códice con
los grabados que engalanaron las dos ediciones del libro de Luis
Becerra Tanco, en 1666 y 1669. En la primera edición se utilizó
un grabado conocido hoy como "el Sevillano",donde la imagen muestra
una distribución casi idéntica a la del Códice
1548.
|
Todo parece indicar que este grabado
fue hecho en España y por un Español, pues a primera
vista se ve
que desconocía el entorno del Tepeyacac así como la
fisonomía de los indios. Juan Diego aparece en él con
rasgos de tipo europeo, y al lado derecho del grabado se ilustra una
iglesia al pie del Tepeyacac que, desde luego, ni tenía esas
dimensiones ni podía tener esa forma en 1666.No sucede lo mismo,
sin embargo, con
el grabado del mexicano Antonio de Castro que apareció en la
segunda edición de 1669, donde sin duda se aprecia un conocimiento
de la vestimenta indígena y
de la botánica de la región del Tepeyacac.En ambos aparece
Juan Diego postrado frente a la Virgen con la impronta milagrosaya
plasmada en la tilma,y en ambos casos, como en el Códice 1548,
se ilustran dos apariciones de la Virgen, al parecer la primera y
la última. |
Grabado
conocido como "El Sevillano"
|
|

Grabado
de Antonio de Castro
|
Al leer la obra de Becerra Tanco, quien
realizó una extensa investigación de campo con la que
logró ubicar geográfica y cardinalmente al vidente al
momento de la aparición en la que la Virgen le entrega las
flores, salta a la vista la necesidad en la segunda edición
de publicar el grabado de Antonio de Castro. En él se aprecian
rótulos alrededor de Juan Diego que lo sitúan geográficamente
según las investigaciones del autor. Fue tal vez debido a que
en este grabado no aparece el detalle del sol saliendo en el oriente,
ni la Virgen frente a la cual yace postrado Juan Diego, que se decidió
publicar el grabado Sevillano en la primera edición (7)
. Es además indudable que el "Sevillano" refleja con mayor
exactitud el aspecto que tenía ya la imagen de la Virgen para
1666, casi igual al que tiene en la actualidad. Los apologistas aducen
que Becerra Tanco tuvo en su poder algunos documentos que no llegaron
hasta nosotros, entre ellos el Códice 1548. Efectivamente,
él da en su libro la descripción de un documento con
características similares al Códice Escalada, pero no
es posible explicar cómo es que el más científico
y observador de los cuatro evangelistas guadalupanos haya podido pasar
por alto que tal documento estaba firmado ni más ni menos que
por Sahagún y Valeriano. Asimismo, resulta inverosímil
que teniendo la información del Códice dejara de escribir
en su relación el nombre indígena de Juan Diego o la
fecha de su muerte. |
|
(7)
Cabe la posibilidad de que este grabado no hubiera estado completo
o que la mitad faltante se hubiera extraviado o deteriorado. Claramente
se aprecia que estaba constituido por dos viñetas, de la
cual sólo fue publicada la izquierda. En mi opinión,
el grabado de Antonio de Castro es más antiguo y cumplía
con las exigencias iniciales del autor en cuanto al rigor científico;
la imagen de la Virgen era ampliamente reconocida en nuestro país,
pero en España, donde se imprimió la primera edición
del "Origen Milagroso del Santuario de Nuestra Señora de
Guadalupe", era necesario un grabado que mostrara la imagen, condición
que cumplió cabalmente el "Sevillano", aunque sin los detalles
de la investigación de campo. Es posible que en la segunda
edición del libro, póstuma e impresa en México,
no sólo se hicieron los bien conocidos ajustes al texto de
Becerra y Tanco acerca de sus fuentes, sino que también se
incluyera el grabado de Castro, que originalmente habría
sido escogido por el autor para su libro.
|
| |
|
|