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Uno de los detalles inquietantes de
al menos dos de las representaciones de las apariciones es la construcción
eclesiástica que aparece a la derecha, a espaldas de la Virgen.
Puesto que "Felicidad de México"(8) apareció
a finales del siglo XVII, es justo creer que la ermita representada
en el grabado del libro retrataba, o al menos imitaba en magnitud,
a la que en ese momento se encontraba erigida, y sabemos que en
esos años era ya de cal y anto.Cabe preguntar, pues, qué
hace la misma ermita, o al menos una construcción de tamaño
semejante, en el Códice 1548. No existe un solo documento
que nos diga que tan tempranamente existiera una construcción
como la que se aprecia a la derecha del "Códice", poseedora
de un frontispicio y una torre. Gracias a las fuentes, sabemos que
la ermitilla erigida por entonces era de materiales perecederos,
pues no fue sino hasta 1556 que el Arzobispo Montúfar hizo
construir una más sólida. Escalada minimiza este dificultad
diciendo que en el Códice "a la derecha,bajo el sol, se aprecia
una construcción un tanto extraña, que no se ha podido
identificar a satisfacción"; esto resulta obvio,pues en 1548
ni existía en el Tepeyacac una ermita como la muestra el
documento, ni había en los alrededores una semejante.Con
respecto a la figura hincada
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La ermita del Tepeyac según el
Códice 1548. La flecha señala el frontón, con
una simple puerta.
La torre, a la derecha, aparece cortada.
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| de Juan Diego y la topografía
del Tepeyacac han de hacerse algunas observaciones interesantes. En
el Códice Escalada los trazos son burdos y básicos,
lo cual remite de inmediato a una calca. Durante este estudio realicé
una comparación basada en la digitalización de las tres
representaciones (el Sevillano, el Códice 1548 y el grabado
de Castro) (9) de la que resultó que el grabado de Castro
y el Códice 1548 son idénticos y el Sevillano sólo
se basó en ellos antes de ser reinterpretado.El Códice
Escalada copia hasta |
en mínimos aspectos (con una
falta de detalle sólo explicable debido a la calca y al material
en que fue confeccionado) los pormenores a del grabado de Antonio
Castro. La figura de Juan Diego , así como la vegetación
circundante y la topografía del cerro son exactamente iguales
(véase animación). De lo anterior sólo queda
concluir que, si los datos de la muerte de Juan Diego fueron conocidos
hasta las informaciones de 1666 (10) , el nombre Cuauhtlahtoa
hasta la publicación en 1690 de la Piedad Heroyca de Don Hernando
Cortés por Sigüenza y Góngora, y el grabado de
Castro hacia 1666, el Códice
Escalada debe ser forzosamente posterior, o en todo caso |
(8)
Título con que fue publicado póstumamente el libro
de Luis Becerra Tanco en México, en 1675.
(9) La comparación se hizo en una computadora Apple
G4 y con el programa Adobe Photoshop 5.5. No se hicieron retoques
a las imágenes, sólo se realizó una superimposición
de las representaciones.
(10) 0 bien, por los anales de Catedral y el Añalejo
de Bartolache, en el siglo XVIII.
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Esta animación sobrepone el Grabado de
Antonio de Castro
al de la representación de Juan Diego en el Códice
1548.
Al desvanecerse la primera, se observa que la segunda la calca burdamente
en todos sus detalles.
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existe una absoluta imposibilidad de que date
del siglo XVI. Podemos entonces afirmar, casi sin temor a dudas,
que es en realidad el Códice 1548 el que está basado
en los detalles del grabado de Felicidad de México y el
Sevillano. Los apologistas podrán poner trabas a esta hipótesis,
sin embargo el estudio de la imagen de la Virgen representada
en el Códice, que ofrezco a continuación, resulta
concluyente al respecto.
La Virgen del Códice 1548
El Padre Escalada afirma que en su documento "aparece
la Virgen con todos los elementos que tiene hoy". Este detalle,
nuevamente, convierte al Códice 1548 en un documento con
nula posibilidad de haber sido pintado durante el siglo XVI .
La imagen que hoy se admira en el Tepeyacac ha cambiado muchísimo
a través del tiempo en función de las necesidades
del culto y la milagrería popular. Es particularmente interesante
ver que, al igual que con la documentación del siglo XVI,
no es posible encontrar copias o imágenes tempranas de
la Virgen de Guadalupe que ayuden a esclarecer cuál era
su aspecto.Por ello, a lo largo varios
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| siglos se ha estado especulando
acerca de la imagen reverenciada en las capillas del Tepeyacac durante
el final de la primera mitad del siglo XVI. Según apunta Stafford
Poole , en sus orígenes tanto la capilla como el culto estuvieron
dedicados a la Natividad de María, y a juzgar por la escasez
de testimonios al respecto, en ellas no se veneró una imagen
específica -mucho menos el ayate de Juan Diego.- sino hasta
muy tarde, cuando Miles Phillips, quien visitó el santuario
hacia 1568, dio testimonio de una imagen de la Virgen hecha de plata
y oro, misma que puede ser identificada como aquella que donara Alonso
de Villaseca en 1566. Sin embargo, es necesario hacer notar que la
controversia de 1556 entre Bustamante y Montúfar establecía
con claridad que la imagen era una pintura, y entonces sólo
restará tratar de explicar el hecho de que Phillips no haya
visto en aquella el motivo principal del culto en la capilla y privilegiara
en su texto a la de bulto, que poco después fue fundida y convertida
en candelabros. Sea como sea, a pesar de las agrias discusiones entre
el Arzobispo y Montúfar y el triunfo de la imagen en aquella
contienda, no ha llegado hasta nosotros una descripción de
ella perteneciente a la época. Estas llegarían mucho
después en otros testimonios, incluido el que puede leerse
en las polémicas últimas líneas del Nican Mopohua
de Lasso de la Vega (12) , así como las imágenes
de Stradanus y Echave Orio. |
| Dada la completitud (13)
de la imagen de la Virgen en otras copias tempranas, salta a la vista
que son al menos de principios del XVII. Extrañamente, ni siquiera
el Bachiller Miguel Sánchez presentó en su obra una
imagen Guadalupana; en la portada de su libro aparece una representación
que, si bien pretendía acentuar su mexicanidad con la inclusión
de un nopal a sus pies, no corresponde con la anatomía de la
pintura del Tepeyac. Es una Virgen coronada con una especie de tiara
pontificia,c omo lo demuestran las dos llaves, símbolo vaticano
por excelencia, que ésta tiene cruzadas detrás. A sus
espaldas, también, se aprecian dos aves o bien un ave bicéfala.
Dado que la barroca digresión de Sánchez versa acerca
de la Mujer del Apocalipsis, es probable que ésta Virgen alada
se haya querido referir a ella. En la imagen aparecen dos ángeles
en vez del único ángel que sostiene (y sostenía
ya entonces, en 1648) los pies de la Virgen. Un año más
tarde, sin embargo, en la publicación de la obra de Lasso de
la Vega se puede apreciar en la portada una Virgen con todas las atribuciones
de Guadalupe, incluso la corona, que debió ser adicionada al
ayate entre los primeros años del siglo XVII (14) y
1649. |
(12)
No quisiera entrar aquí en la discusión añeja
de si el Nican Mopohua fue o no escrito por Valeriano en el siglo
XVI, punto que Miguel León-Portilla parece haber dejado en
claro. Las pruebas fotográficas de Smith y Callahan han arrojado
como resultado que muchos de los elementos actuales de Guadalupe
fueron adicionados en pleno siglo XVII, lo cual choca frontalmente
con la descripción en las últimas líneas del
Nican Mopohua. Faltarían los rayos alrededor de María
que, por ejemplo, Stradanus no registró en su grabado. (Lasso
de la Vega o quien haya incluido esas líneas, contó
hasta cien).
(13) Parto de la idea de que
al ayate le
han sido realizados diversos retoques y adiciones, entre las que
se cuentan las
estrellas del manto, la fimbria dorada ,los
rayos, el listón bajo sus manos, la reducción de sus
manos, el ángel, la luna, la cruz al cuello y los arabescos,
entre otros.
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| El grabado de Samuel Stradanus
ofrece algunos datos extra. Xavier Noguez le atribuye una fecha de
factura entre 1613 y 162215 . Resulta evidente que para ese
entonces la imagen guadalupana había adquirido ya los añadidos
de las estrellas y la luna, mas no los rayos (que le debieron ser
adicionados más o menos en la época de la pintura de
Baltazar Echave Orio), y que siendo éstos retoques sin duda
de principios del siglo XVII y tan acordes con el estilo gótico
español, descartan la posibilidad de que la Virgen del Códice
1548 pudiera tener ese mismo aspecto en tan temprana fecha (16)
. Es importante hacer notar que la Virgen del Códice 1548 lleva
estrellas en su manto, está de pie sobre la luna, y aunque
el Padre Escalada insista en el hecho de que no hay ángel a
sus pies, éste se puede ver, muy esquemático como otros
detalles debido quizás a la rudeza del soporte (o a una calca),
en la portada de su libro, donde se reproduce una imagen "Scanneada
electrónicamente para liberarlo [ al Códice ] de manchas
adheridas por el tiempo, aunque sin añadiduras ni cambios".
Un acercamiento a la fotografía del Códice, publicada
en las primeras páginas del libro, deja claro que hay algo
bajo los pies de la Virgen y que fue realzado durante el tratamiento
de la imagen de la portada.(17) |
| En este momento quisiera referirme al
hecho yamencionado arriba de que no contamos con imágenes tempranas
de la Virgen de Guadalupe. Salvo el grabado de Stradanus, que la muestra
sin algunos de los atributos incluidos más tarde, y la copia
que ralizó Baltazar Echave Orio, las más tempranas copias
conocidas indican por necesidad que la Virgen comenzó a ser
reproducida, y mayormente conocida, a partir de la publicación
de los primeros impresos, hacia 1648.Sería indispensable conocer
la viñeta derecha del grabado de Antonio de Castro para ver
qué clase de Virgen ilustraba, y que muy probablementeno era
la de 1649, razón |
(16) Esto se
puede lograr, como seguramente se hizo, utilizando un programa
de retoque digital de imágenes como Adobe Photoshop, incrementando
el contraste y aplicando los filtros Sharp o Unsharp Mask, y posteriormente
incrementando la brillantez de la imagen.
Este procedimiento efectivamente respeta los detalles y sólo
hace más notorios los trazos. No se realiza retoque alguno
al efectuarlo.
(17) Escalada, Op. cit
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probable para no ser incluido en la primera edición
de Felicidad de México y sólo fragmentariamente en
la segunda. Esto es mera especulación, pero me baso en el
hecho de que la minúscula Virgen que aparece en la viñeta
izquierda (donde se reproduce la primera aparición sobre
el cerrillo) es notablemente primitiva; carece del ángel
y del halo de nubes. Es difícil concluir si está o
no de pie sobre una luna; sin embargo, su manto posee estrellas.
Estas últimas, según los estudios fotográficos
de Smith y Callahan, son uno de los añadidos más tempranos
a la imagen, pero datan de finales del siglo XVI o principios del
XVII.
La firma y glifo de Valeriano
Como si el documento y su contenido no fueran
suficientes para comprobar las apariciones, aparece también
el glifo de Antonio Valeriano, supuesto autor del Nican Mopohua.
Este glifo, con su inscripción latina, es "Similar al que
ilustra al Códice Aubin, 2a parte (1573) . Efectivamente,
sólo que el glifo es idéntico, con la salvedad de
que fue calcado al revés (el personaje sedente mira hacia
la izquierda en vez de a la derecha). Por alguna razón, la
inscripción latina del glifo, que extrañamente es
la única en castellano del documento, copió también
la falta de ortografía que existe en el nombre de Valeriano
(pone "Vareliano" por Valeriano) en el Códice Aubin. Este
mismo glifo fue posteriormente publicado por Francisco Fernández
del Castillo en su obra México y la Guadalupana, en 1931,
sin indicar su procedencia.
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Conclusiones
El Códice 1548 es un documento
que muestra muchas inconsistencias e irregularidades, al igual
que el texto náhuatl del Inin Huey Tlamahuiçoltzin
. Como se trató de probar más arriba, existe la
imposibilidad gráfica de que haya sido pintado en el siglo
XVI. Lo mismo puede decirse de las inscripciones en alfabeto latino,
que presentan información conocida e incorporada muy tardíamente
a la tradición. Existe una clara incongruencia en la presencia
de la firma de Sahagún, que no coincide con la fecha de
1548 ni con el contenido respecto a Guadalupe en otros escritos
del fraile. Es preciso decir que a la luz de los peritajes no
es posible objetar la firma del cronista, pero debe aclararse
también que sus rasgos no pertenecen a la fecha citada
y que al igual que el "154-8" fue trazada con otra tinta, más
rojiza.
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No existe tampoco la posibilidad
de probar que el documento en cuestión estuvo en manos de
Sigüenza y Góngora, quien inexplicablemente no lo publicó
en su totalidad a pesar de la trascendencia del manuscrito en una
época que Stafford Poole llamó acertadamente The need
for documentation. El Padre Escalada sugiere además que probablemente
Valeriano, con la colaboración de otros alumnos del Colegio
de Santa Cruz, "elaboró nuestro Códice", y con ello
parece subestimar la gran capacidad de Valeriano como hablante nativo
del náhuatl.
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Resulta difícil explicar por qué en
el manuscrito algunas de las líneas en lengua nativa, que
además como se vio fueron préstamo de otros documentos
y anales, están mal escritas al grado de que los paleógrafos
y posteriores traductores hubieron de incorporarles sufijos faltantes.
De Valeriano se conocen otros documentos escritos por su propia
mano, y justo es decir que la caligrafía defectuosa del Códice
1548 es muy deficiente para un grupo de personas tan sobresalientes
como los alumnos del citado Colegio de Tlatelolco.De haber participado
en la factura del documento, es dudoso que Valeriano hubiera plasmado
su signatura con una falta de ortografía tan notoria, y si
se arguye que ésta es igual a la del Códice Aubin,
también es posible especular que ésta última
no tiene por qué haber sido de puño y letra del indio
latinista. Es reconocido de sobra que Valeriano tenía una
firma (18) , y ésta en nada se parece a la del Códice
Aubin ni a la exacta copia de sus trazos presente en nuestro manuscrito.
Es evidente que el tlacuilo del Códice Aubin sólo
quiso hacer patente a Valeriano en su manuscrito citando su posición
de Juez y trazando su posible nombre glífico, incurriendo
en un error ortográfico de metátesis de caracteres
al hacerlo. El que una firma semejante aparezca en el Códice
1548 no prueba de ninguna manera la presencia, y mucho menos la
anuencia, de Valeriano en su factura.
Cabe señalar también la dudosa posesión
del Códice por Becerra Tanco que arguye el Padre Escalada.
Nuevamente es inexplicable que no lo publicara o al menos evidenciara
la presencia de la firma de Sahagún o Antonio Valeriano.
Y tocante a esta misma posibilidad, debe el investigador preguntarse
cómo es posible que Francisco Fernández del Castillo,
tan tardíamente como 1931 y en la celebración del
400 aniversario de las apariciones, haya podido tener en sus manos
tan distinguido y esclarecedor documento y de él sólo
haber tomado la supuesta firma de Valeriano. La afirmación
del Padre Escalada resulta tan inverosímil como falta de
sustento histórico.
Es indudable que en el Códice de 1548 existen
algunos vicios de factura. Como he tratado de probar, el documento
es una calca, y por lo menos en dos ocasiones su autor incurre en
el ardid de copiar detalles a la inversa. El ya citado glifo de
Valeriano es el ejemplo más claro, pero la inversión
de los elementos en la representación de la primera aparición
en la cima del cerrillo es notoria también. De acuerdo con
el grabado de Castro, que considero fuente del Códice 1548,
Juan Diego mira hacia la izquierda a los pies de la aparición;
en nuestro documento,sin embargo, ésta ocurre hacia la derecha.
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| Finalmente quiero poner en evidencia
la negligencia de aquellos que publicaron el supuesto Códice
y los estudios que lo acompañan al no hacer del conocimiento
público la procedencia del manuscrito. Tan vital información
no puede ni debe ser desechada por un historiador serio. Aun objetando
el deseo de anonimato de su poseedor, es de gran importancia conocer
la historia del documento para tratar de establecer el momento de
su factura y las personas que tuvieron acceso a él durante
su existencia. No es suficiente saber que "apareció entre un
legajo de varios documentos que habían pertenecido a su familia"
[del poseedor] (19) .Sería de gran ayuda conocer entre |
(18)
Una muestra autógrafa de esta firma fue publicada por Samuel
Martí en su libro bilingüe
La Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ediciones Euroamericanas,
México, 1973
(19) González F, Chávez
S, y Guerrero R, Op. Cit. p. 348
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qué tipo de papeles fue encontrado, de qué
fecha databa aquél legajo, a quién había pertenecido
en el pasado o por quién estaban firmados sus papeles componentes,
para con ello tratar de inferir el círculo de personas al
que había estado ligado el Códice, y por qué
extraordinaria razón no vio la luz antes, dada su importancia.
Todo esto, desafortunadamente, le ha sido negado a la investigación
seria. Con base en la escasa información al respecto, y al
hecho inusual de que un manuscrito de tal importancia no haya sido
conocido con anterioridad a pesar de ser la meta de un sinnúmero
de investigaciones fieles o incrédulas, concluyo que se trata
de un testimonio debido a una personalidad intensamente fervorosa
y versada en el fenómeno Guadalupano y su historia. Me parece
que el documento pudo tener un carácter privado y exclusivo
al interior de un reducido grupo, en el que sin duda ejercía
una función didáctica y devocional, hipótesis
que pudiera ser sometida a prueba mediante el estudio de la historia
de la posesión del manuscrito. Una investigación de
esta naturaleza arrojaría luz acerca de los intereses que
llevaron a su creación y falta de difusión. Considero
que su fecha aproximada de factura, una vez establecidas sus probables
fuentes, debe ser situada después del año de 1690
y -especulativamente- no después de la segunda mitad del
siglo XVIII. Una temporalidad más prolongada a esta fecha
supondría la posibilidad de un error de su autor en cuanto
a la composición química de sus tintas, que como se
sabe comenzaron a incluir más tarde en su fórmula
elemento metálicos no puestos en evidencia por los análisis
del Instituto de Física de la Universidad Nacional, cuya
seriedad no está puesta en duda. Desde mi punto de vista,
es indiscutible que el Códice 1548 no fue hecho con la intención
de convertirse en un documento de índole probatoria; sería
ocioso ver en él el propósito de certificar las apariciones
o la impugnada historicidad de Juan Diego. Debe vérsele,
por el contrario, como el producto de una arraigada devoción,
un profundo sentido de pertenencia, y un innegable nacionalismo,
valores sumamente difundidos todavía en nuestros días.
La escasa aportación histórica del documento no es,
en modo alguno, un obstáculo para el fenómeno de Fe
que brota alrededor de la imagen Guadalupana, que inconmovible se
ha mantenido como un símbolo armónico y sin necesidad
popular de verificación o validez historiográfica.
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