Luis García Pimentel
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NIHIL OBSTAT: IGNACIO GÓMEZ ROBLEDO
S.J.
IMPRIMATUR: PBRO. JESÚS GARIBAY VICARIO
ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA, MÉXICO.
Corre el año de 1531, lleno de afrentas
a la Iglesia. En ese año, Lutero ha ganado gran aceptación
en lo que hoy es Alemania, en donde se forma la llamada “Liga
de Simalcalda”, organización de los príncipes
que rompen con la Iglesia y se hacen protestantes. En esta Liga,
meses más tarde, se plasma la posición de Lutero como
cabeza de una gran rebelión en contra de la Iglesia, apoyado
por los príncipes de la región germana.
En Inglaterra, el rey Enrique VIII, arrastrado por
pasiones desordenadas ha repudiado a su esposa y se une en secreto
a una cortesana, Ana Bolena. Ha comenzado a perseguir a los católicos
en su rencor por no permitírsele tener varias esposas. Unos
meses después, se constituye como cabeza de una iglesia de
estado de corte protestante, al tiempo en que planea la forma dramática
de como deshacerse de su segunda esposa para dar cabida a la tercera,
a la cual también asesinará.
En 1531, además de echar raíces el cisma en Inglaterra,
Zwinglio arrastra a los primeros tres cantones de Suiza al protestantismo
y en ese mismo año, la reforma calvinista empieza a tomar
forma y se asienta en Ginebra poco después.
Los reyes católicos más poderosos
de la época, en España y Austria, se preparan para
defenderse de otro gran enemigo que se levanta en contra de la Iglesia.
El Imperio Otomano en el apogeo de su fuerza, ha terminado ya de
aplastar a la Iglesia Ortodoxa en Constantinopla y se apresta a
implantar el Islam en toda Europa. Austria y Hungría entran
en guerra con el heredero del profeta Mahoma y las huestes del más
poderoso monarca árabe de la historia, Solimán el
Magnífica, pisan ya el suelo europeo. Atraviesan el río
Danubio y dan batalla en Grecia, Yugoslavia, Bulgaria, Instala gobierno
títere en la capital de Hungría y sitian Viena, paso
obligado para llegar a Roma y al corazón de Europa. El sultán
prepara también la flota más grande que jamás
ha surcado mar alguno, para aplastar a los católicos o “infieles”,
como dirían los seguidores de Alá y Mahoma. Dicha
flota dio mas tarde la batalla contra los católicos en el
Golfo de Lepanto.
En los países bajos, lo que ahora es Bélgica y Holanda
se aprestan muchos a unirse con los príncipes sajones protestantes,
atraído por el jugoso negocio de despojar a los católicos
y a la Iglesia de sus bienes, aprovechando que las tropas leales
se van a defender el Oriente, atacado por las tropas del Islam.
Simultáneamente, las cárceles de Londres se llenan
de católicos que serán ejecutados por ordenes del
rey protestante, castigados por su fidelidad a la Iglesia de Dios,
al tiempo en que los seguidores de Enrique también hacen
negocio con los bienes de los católicos arrestados y ejecutados.
En un lejano país recién descubierto, otra situación
ocupa el mismo momento histórico. España católica
ha descubierto un nuevo continente, muchas veces mayor que Europa.
Recientemente ha conquistado la capital del gran Imperio Azteca,
cuya capital era, como hoy, una gran ciudad.
El Imperio Azteca ha llenado los campos de sangre y gobernado a
los pueblos conquistados con la doctrina del Dios asesino, Huichilopochtli.
Los ritos de este dios de guerra, sangrientas masacres de jóvenes
de culturas vecinas, llenan de cuerpos mutilados las laderas de
las pirámides de la ciudad Tenochtitlán. Estos grandes
ritos sacrificiales y antropofágicos obligan al imperio a
efectuar constantes guerras y así obtener victimas para el
sacrificio, las llamadas “guerras floridas”, que eran
el azote de gran parte del altiplano mexicano.
Odiado por los vecinos y debilitado por los excesos en que constantemente
vivía, el Imperio fue dominado por el pequeño ejército
de españoles, quienes, con sus armas de fuego y el odio de
los pueblos sojuzgados por los Aztecas, derrotaron y conquistaron
la Gran ciudad Tenochtitlán, ahora la ciudad de México.
La impresión de maldad que veían los españoles
en las costumbres aztecas espectacularmente narradas por el cronista
Bernal Díaz del Castillo, soldado de Cortés, y luego
confirmadas por historiadores y arqueólogos, provocó
que los españoles derribaran templos y pirámides,
en donde se hacían los grandes banquetes antropofágicos
con los cuerpos de los jóvenes sacrificados al dios de la
guerra.
Algunos miembros de la tribu Náhuatl, de la que emergió
el Imperio Azteca, tenían su filiación con otros dioses,
especialmente con el dios Ometeótl y la diosa Tonantzin,
los cuales no predicaban los excesos. Ambos eran dioses relacionados
con el bien y con la vida, y muchos indios de la región les
eran fieles.
Con el trabajo de catequesis empezado por los españoles,
principalmente por monjes de diversas órdenes, algunos nativos
empiezan a aceptar el bautizo. Este es el caso de dos vecinos de
la ahora ciudad de México, Juan Diego y Juan Bernardino,
su tío. Juan Diego se caracteriza por una humildad notable,
que se perfila en cada paso del Nican Mopohua, el relato histórico
de las apariciones guadalupanas.
No pretendemos centrar la atención en lo hermoso del relato
e las apariciones de Nuestra Señora, ni pretendemos repetir
la historia de cómo la tilma milagrosa ha demostrado a los
cristianos y no cristianos, ser una pintura que no pudo ser ejecutada
por mano humana. Muchos han querido demostrar su falsedad, especialmente
frailes españoles del siglo XVI , celosos por la competencia
con una imagen de la Virgen que existe en España, y algunos
historiadores de los siglos XIX y XX, con opiniones de que la pintura
es falsa o ha sido retocada. Esto ha emergido con frecuencia. Sin
embargo, siempre ha sucedido que la investigación ha permitido
encontrar más pruebas de su originalidad y no de lo contrario.
No pretendemos concentrarnos en los descubrimientos , en el siglo
XX, de las imágenes encontradas en los ojos de la imagen,
caso único en la historia de la pintura. Tampoco pretendemos
profundizar en como las técnicas utilizadas sugieren que
cada fibra fue coloreadas en forma independiente de las fibras vecinas,
esto en algunas partes del retablo. Esto quiere decir que para hacer
una pintura similar habría que colorear uno a uno los segmentos
de la fibra, que luego se haría hilo y posteriormente se
tejería para hacer la tilma o manto. Además, la duración
del hilo de la tilma, si fuera de veinte años, sería
excepcional, sobre todo en un lugar húmedo en donde recibía
el calor y el humo de numerosas velas, cuyo producto de combustión
–óxidos de carbono- produce ácido carbónico
en contacto con la humedad. Aún después de haber recibido
un baño accidental de limpiador para plata, a base de ácido
nítrico que destruye la sustancia vegetal, y de estar expuesta
decenas de años al contacto de las manos de los que así
lo deseaban, (y eran cientos diariamente) la tela se encuentra en
excelente estado, luego de casi quinientos años. Para los
mexicanos que hemos estado en constante contacto con este tipo de
tejidos, tan popular aún en nuestros días, sabemos
por experiencia que es de corta duración, porque se pudre
fácilmente.
Es notable ver como la imagen de la Virgen de Guadalupe facilita
la cristianización de las tribus que habitan el territorio
de México. La imagen resulta ser un códice quizá
legible para el pueblo Náhuatl, tan acostumbrado a la simbología
pictórica de sus propios jeroglíficos. De ahí
infieren que el Dios cristiano no sólo no se opone a su dios
Ometéotl, sino que lo supera en bondad. También reconocen
una similitud con la madre de los dioses, Tonantzin. Esto puede
entenderse porque las imágenes comúnmente relacionadas
con el Dios cristiano el Cristo en la cruz, puede correlacionarse
con prácticas de tortura y muerte de los seguidores de Huichilopochtli.
Desde el momento en que la imagen de la Virgen de Guadalupe es conocida
en la región, el pueblo Náhuatl y otros de la comarca
convierten su resistencia al cristianismo en una franca y entusiasta
adhesión, aceptando la nueva religión de los predicadores
españoles.
Otro efecto es la función que hace la Virgen del Tepeyac
en los siglos posteriores, ya que hay quien opina, como de hecho
opinamos, que la raíz más profunda de la nacionalidad
mexicana no es la adhesión a lo indígena o a lo hispano,
ni a los gobiernos que, más que gobernar, han desposeído
a la nación de sus bienes y su cultura. En México
no hay tradición militar que haga sentir al ciudadano la
protección de las armas, ni las leyes justamente aplicadas,
ni autoridad civil responsable: hay un gran cristianismo guadalupano,
por lo que sabemos que nos une la fuerza, la ley, la autoridad,
la Providencia de Dios por conducto de nuestra Madre de Guadalupe.
Por ende, la misma existencia del proyecto nacionalista puede remontarse
en buena medida a la cohabitación pacífica de europeos
y americanos. En México no se exterminó al autóctono
como en Canadá Argentina, Estados Unidos o Chile, ni se formó
una arrogante diferencia de castas como en Perú y Brasil.
En México se igualaros el indio y el ibero, para formar la
raza mestiza, cuya característica , además del color
bronceado, es tener un sentir benigno hacia las diferencias raciales.
Me parece que la imagen de Guadalupe es una manifestación
de Dios similar a la que hizo a los judíos con el Arca de
la Alianza. A los judíos les da el Arca, que les produce
una sensación de confirmación de ser el pueblo elegido
para defender el monoteísmo contra la proliferación
de ídolos. A México tal vez le tenga reservada otra
misión. Sin embargo el mensaje guadalupano es más
universal, Independientemente, es un hecho el que María se
apareció en México y es aquí en donde la veneración
a la Guadalupana es más intensa.
He pensado que las promesas que alguna vez hizo Dios a Abraham de
darle una descendencia muy numerosa, se haya referido no a una descendencia
orgánica, es decir, por réplica de los cromosomas
de sus células. Es obvio que Dios tenía en mente una
participación de la naturaleza divina, como la gracia de
la fe. No de leyes orgánicas, tal que las leyes genéticas,
como base u origen de una nación cercana a Él. Por
eso, así como Abraham puede ser llamado el padre del pueblo
de la fe, la Madre del Tepeyac puede ser llamada no solamente la
Reina de México, sino reina de todos los hombres que levan
en sí algún signo, alguna característica que
los acerque a Dios, tal como la fe acercó a Abraham y a su
descendencia, al nivel divino.
¿Cuál puede ser ese signo, esa característica
que merece que ciertos hombres puedan ser llamados hijos de María
tal como los judíos se llaman hijos del Padre Abraham?¿Qué
importancia tiene el ser llamados “hijos de María”.
Tal vez el significado que Dios da a esta relación con la
Virgen María es más importante de lo que a simple
vista parece.
En el Génesis Dios ya le da a la maternidad de María
un nivel muy alto, el más alto que ocurre en la creación.
Notemos como al principio del relato, al hacer la luz, la tierra,
las plantas y los animales, se escribe en el génesis la fórmula
“y dijo Dios, haya..., y hubo”
En una segunda etapa de creación, al formar al ser semejante
a Dios, cambia el Génesis los términos y dice: “Dios
insufla en sus narices... y los bendice”
En el tercer orden de creación, Dios promete que pisará
la cabeza de la serpiente por conducto del “linaje de la mujer”
De ahí que la primera pregunta que surge es: ¿Será
Cristo el único fruto santo de María o habrá
otros hombres que puedan clasificarse como miembros del linaje prometido
por el Génesis?
La respuesta es obvia. En el momento supremo de la Redención,
Cristo, colgado de la Cruz y a punto de finalizar Su martirio, tiene
en sus pies a los dos seres más queridos por él: María
Su Madre y Juan Evangelista, el apóstol amado. Las últimas
palabras que dirige antes de morir son de maternidad y de filiación.
Ordena a María que actúe como madre de Juan y a Juan
el actuar como hijo de María. Luego se dirige a Su Padre
y dice “todo está cumplido” y entrega Su Espíritu.
El momento es supremo, y la orden es dada en la cúspide del
acto de redención, el momento de Su muerte. De ahí
que pensamos que es un acto de gran trascendencia que no hemos ponderado
en su total significado.
Tenemos a la vista dos citas, que se dan, la primera en el momento
culminante de la creación y la segunda, en el momento culminante
de la Redención. ¿Qué tiene que ver esto con
la Virgen de Guadalupe?
Las relaciones son muchas. La aparición guadalupana tiene
características únicas que hacen pensar en que es
confirmación de la promesa hecha por Dios Padre y de la orden
dada por Dios Hijo.
Las situaciones que nos llaman la atención son varias. Uno:
la aparición guadalupana es la primera en la historia de
la cual no hay duda alguna según el severísimo juicio
de la Iglesia. Dos, es la única aparición de la historia
que se efectúa ante un representante de la Iglesia, el Obispo
(y luego Arzobispo) Fray Juan de Zumárraga, No vuelve a haber
un caso similar. Tres: es la única aparición que deja
huella de la Virgen misma, de la cual no han podido encontrar falsedad
alguna. Cuatro: cualquiera que desee verla, puede hacerlo desde
hace cinco siglos. Cincuenta mil personas vieron la danza del sol
en Fátima. A nuestra Señora de Guadalupe la hemos
visto millones. ¿Puede ser algo más notorio? Cinco:
la pintura misma sugiere corresponder a la cita de Dios en el Génesis:
La mujer que pisa a la serpiente, se puede traducir, según
la simbología náhuatl, (idioma que usa la Virgen al
hablar), en la mujer que pisa la luna negra. Esto porque para los
Nahuas, así como para otras tribus que habitan lo que ahora
es México, la serpiente es la representación de Quetzalcóatl,
dios que también se representa como hombre blanco barbado.
El haber puesto bajo el pie de la imagen a una serpiente hubiera
podido confundirlos en contra de los hombres blancos y barbados,
o contra un dios de bondad. Creo que Dios escoge a la luna negra
como una representación del ¡“non serviam”!,
o sea, “¡No serviré”! a Dios, expresión
del ángel expulsado del infierno, que pasa a ser así
la parte de la creación que no refleja la bondad de Dios,
que es “Luz de Luz”.
En oposición a la luna negra, Dios viste a la imagen de María
con rayos como de sol, es decir, la mujer buena pisa a la maldad;
lo que confirma el texto bíblico del Génesis. Además,
al ser María la Madre de Cristo Redentor, no hay duda de
que es madre del linaje santo. La duda es, en todo caso, si los
hombres y que hombres, además de Cristo, son miembros junto
con Él del linaje prometido.
Además de esto, se pueden apreciar otras pruebas sugestivas.
Hay en el mensaje hablado a Juan Diego las palabras ¿“no
estoy yo aquí que soy tu madre?, en confirmación de
la orden recibida de su hijo Jesús, al pie de la Cruz, en
el momento mismo de la muerte del Redentor.
Hay ciertas coincidencias. ¿Qué probabilidades puede
haber de que se haya aparecido la virgen a Juan Diego, confirmando
con esto la orden dada por Jesús en la persona de otro Juan?
No es extraño, ya que Juan es un nombre común entre
los cristianos. Sin embargo, las apariciones se hicieron ante tres
juanes: Juan Diego, Juan Bernardino y Juan de Zumárraga.
Ahora sí, lo que pudiera ser simple coincidencia empieza
a parecer indicativo de que las figuras de estos “juanes”
definen a los hombres que pueden ser admitidos a formar parte del
linaje santo prometido por Dios en el Génesis, afiliados
a María, la mujer Madre del Linaje Santo, y encabezado por
Jesús, el Redentor. Creo que vale la pena analizar qué
tienen esos juanes en común, incluyendo sin duda a otro Juan,
que recientemente actúa en el drama guadalupano: Juan Pablo
II al beatificar y canonizar a Juan Diego y llevarlo así
a la dignidad de los altares.
Todo esto resultó de la opinión de que la imagen de
la Virgen es una verdadera alianza, confirmación de la alianza
que en su momento hizo con el pueblo judío. Opino que es
una alianza entre Dios, la Madre María, el Hijo Jesús,
el apóstol amado Juan y los hombres, representados estos
por cinco juanes, dos del nuevo continente (San Juan Diego, Juan
Bernardino) y tres del viejo (San Juan evangelista, Juan Arzobispo
Zumárraga y Juan Pablo II), alianza plasmada por Dios en
el ayate de Juan Diego
Me parece que esto no es todo, pues hemos olvidado mencionar la
firma de Dios al calce de la imagen.
La tilma parece ser un mensaje trinitario, cuyo momento histórico
sugiere dos objetivos muy concretos: la lucha en contra de desviaciones
como las del protestantismo y la confirmación ante la Iglesia
de Dios de su misión apostólica. La alianza nos parece
obvia: busca Dios la colaboración con el hombre, bajo el
manto de María, para derrotar al maligno, quien derrotó
al primer hombre, Adán y luego a su descendencia. Se trata
ahora de ahogar el mal en abundancia de bien. Por eso, cuando la
Iglesia es abofeteada en Europa por la reforma protestante, Dios
presenta su mejilla izquierda en América, y repone la pérdida
de miembros soberbios, que siguen a reyes y reformadores disidentes,
con nuevos miembros para Su Iglesia, humildes y sencillos como Juan
Diego.
Hasta ahora se han hecho varias afirmaciones que parecen atrevidas:
“...el mensaje trinitario”, “...alianza bajo el
manto de María...” Esto requiere más explicaciones.
Cuando un artista pinta un cuadro, suele firmar abajo, el calce
de la pintura. En la tilma, buscando en ese lugar, aparece la firma
del autor.
Cuando Dios manda a un ángel a levar un mensaje, el ángel
dice lo que Dios le ordenó que diga. Lo mismo ocurre en el
mensaje pictórico de María. El ángel comunica
con su posición el origen y el mensaje de Dios. Observemos
como el ángel toca a María en tres puntos: La cabeza
y las dos manos tocan el manto de María. La mano derecha
toca el manto azul, cuajado de estrellas, manto de cielo. La mano
izquierda toca el manto color de arcilla, color de tierra. Esto
creo se debe de interpretar como que Jesús, que subió
al cielo y está a la derecha del Padre (el Padre será
la cabeza), toma a María y la viste con las gracias del cielo,
mientras que el enviado a la tierra por el Padre y el Hijo (mano
a la izquierda del Padre) toma a María y la viste con las
gracias de la tierra.
Hay más en la firma trinitaria. Se opone el maligno a Dios,
hecho sugerido en la imagen de la luna negra que se opone a las
alas del mensajero.
Esas alas pueden simbolizar tres gracias que emanan de Dios (por
los tres colores que las distingue). Y que sólo pueden ser
las teologales: Fe, esperanza y caridad.
Se puede interpretar la firma “Dios Padre envía a Dios
Hijo para que vista a Su Hija María con las gracias del cielo
y al Espíritu Santo para que la vista con las gracias de
la tierra” O sea, que el manto al que toca la mano derecha
del posible mensajero, (imagen del Hijo que está a la derecha
del Padre), y la mano izquierda del ángel, significando al
Espíritu Santo, cubren a la mujer que pisa al maligno, porque
Satán se opone a la voluntad salvífica de Dios, oponiéndose
a las gracias teologales –detenidas por el pecado- significadas
por los tres colores en las alas.
Con esta descripción se explica nuestra afirmación
del posible origen trinitario del texto pictórico de revelación.
También se puede ver como, ante la oposición, a la
gracia provocada por el maligno con la asistencia de los pecadores,
Dios escoge a María como portadora del poder trinitario sobre
la tierra y el cielo. Se confirma con esto la sentencia de muchos
teólogos de que María es mediadora de todas las gracias
que en su origen primario emanan de Dios.
La composición pictórica sugiere también otras
cualidades de la Virgen. Se aprecia el dogma de la Inmaculada Concepción,
una túnica blanca sobre la cual Dios la viste de cielo y
tierra. El pie de maría que pisa al maligno va calzado, como
para no deja huella de que María nunca fue o es tocada por
el maligno, o por el pecado, ni siquiera al tiempo en que lo pisa
con su calcañar o talón.
El dogma de la maternidad se sugiere en el manto de color de tierra,
por la presencia de la flor de cuatro pétalos, directamente
dibujada sobre el vientre de María. Todas las demás
flores del manto son de ocho pétalos. La flor de cuatro pétalos
en ángulos rectos nos recuerda la Cruz del Redentor. Se sugiere
la acción del Espíritu Santo en la Encarnación
al estar la flor sobre el vientre mariano, precisamente en el manto
color de arcilla, el que es tocado por la mano izquierda del ángel
mensajero, que puede simbolizar la acción del Espíritu
Santo. El dogma de la Asunción también se sugiere
por ser llevada María , con el manto de cielo y de tierra,
junto al sol, elevada en cuerpo y alma, se puede inferir. La virginidad
de María, verdad de fe, también se alcanza a deducir.
Por la esencia íntima de este dogma, no es fácil adivinar
como pudo la trinidad beatísima, con la delicadeza que la
caracteriza, haber expresado este dogma. Me parece que hay un detalle
que tal vez puede sugerirlo: sobre el manto de tierra hay otro manto
transparente, y que no sigue los dobleces del manto de tierra (este
se nota bien a la altura de las rodillas de nuestra Señora)
Este delicado manto se encuentra cerrado a la altura del cuello
con un broche que lleva la Cruz. Esta fina trama que cubre todo
el manto de tierra y se cierra justamente con el símbolo
del que salió e su vientre, Jesús, tal vez sea el
discretísimo detalle que muestra la virginidad de María
antes, durante y después del parto, como lo dice la Iglesia
y lo rechaza Satanás por boca de los que a Satanás
sirven. Esto puede ser porque para Dios no hay imposible, y si esta
simbología no parece suficiente, María dice a San
Juan Diego: “Yo soy la perfecta siempre virgen María,
madre del verdaderísimo Dios por quien se vive...”
y queda así demostrada la sugerencia del dogma.
Como la tilma no está considerada por la Iglesia revelación
pública, y por lo tanto no puede tomarse como base para declarar
dogmas, la Iglesia jamás ha tomado la imagen para proponer
verdades de fe. Lo que sí ha sido cierto y constante en la
declaración de estos dogmas es el entusiasmo que han tenido
sus hijos católicos de todos los tiempos al ver como Dios
le prodiga delicadezas a nuestra madre Santa María.
¿Y qué hace Satanás para combatir a la Virgen?
¿Qué hace para evitar que Dios cumpla la promesa plasmada
en el Génesis, la de pisar la cabeza del maligno por conducto
de una creatura, una mujer que es producto de Su creación?
Satanás es un viejo zorro, el gran engañador del universo.
Ha envenenado la mente de los que se han apartado del manto de María,
de Su Hijo, y de sus sacramentos, así como del Espíritu
Santo y del Magisterio o las enseñanzas de la Iglesia. Encuentra
Satán especialmente productivo el provocar pequeñas
desviaciones de fe. No busca ahora, como antes, multiplicar potencias
aterradoras como Solimán o Atila, que atacan a la Iglesia.
Ahora la imprenta, la radio, la televisión y el cine han
sido frecuentemente los canales para mover a los hombres, sus creencias
y sus conciencias. Por eso la reforma protestante ha sido especialmente
productiva para él. Con ligeras desviaciones, uno o dos dogmas
tal vez, saca a muchos incautos de la Iglesia y, ya afuera, los
devora.
En este siglo XX ha logrado que muchos autoricen y practiquen en
gran escala actos verdaderamente infames, como el aborto (que se
da principalmente por el uso de los dispositivos intrauterinos,
que son abortivos) o la vida de promiscuidad, por mencionar sólo
dos. Los mismos sacerdotes de Huitzilopochtli, en sus carnicerías
antropofágicas, no se rebajaban a matar a sus propios hijos.
El promotor del pecado se goza tanto de estos actos que parece redoblar
sus esfuerzos para multiplicar los crímenes horrendos que
probablemente conducen al reino de las tinieblas a sus incautas
víctimas. ¿La lucha en contra del maligno está
en su apogeo! La Iglesia lo sabe y por eso pone en la Virgen María
muchas de sus esperanzas y reza a Dios para que nos conduzca bajo
el manto seguro de María.
¿Y los protestantes veneran a la Virgen María?
Volvamos al linaje escogido. . Afirmamos que San Juan y Juan Diego
, ahora santo, son el prototipo del linaje escogido. ¿Corrió
acaso San Juan cuando el estado civil persiguió a Jesús,
como hicieron los anglicanos? ¿Fue infiel a Cristo aunque
en aquellos momentos muchos-incluyendo a los otros apóstoles-
corrieron en desbandada presas del miedo, ¿ Se dejó
arrastrar por la pasión como Enrique VIII o como Martín
Lutero? ¿Se mostró arrogante ante lo increíble
como el apóstol Tomás o buscó argumentos para
deshacerse de la responsabilidad como amigo de Cristo o de María?
¿Negó el flujo de la gracia como Judas o se negó
a rectificar como el ladrón que no se arrepintió?
Nada de eso. Se aferró a Jesús hasta el último
momento de la vida de Cristo y de la propia, defendió el
poder de Dios y la divinidad de Jesucristo reconociendo así
la potestad de Dios para vencer con Su gracia al pecado, como lo
dice la Iglesia y lo confirma el mensaje y la alianza de María
de Guadalupe. El linaje escogido no puede estar fuera de la Iglesia
Universal o católica, no puede ignorar el dogma mariano.
Juan Diego muestra, por su parte, una enorme humildad, fuerza suprema
de María. Si María dice en la Anunciación...
“he aquí la esclava de Señor”, Juan Diego
dice: soy mecapal, soy panihuela, soy cola, soy ala, necesito ser
conducido, llevado a cuesta...” ¿Qué gran diferencia
con aquellos que creen que solos se pueden salvar, que no requieren
de la medicina que les da el gran médico de todos los hombres,
la Iglesia de Pedro! Ponerse bajo el cuidado del Espíritu
de Dios y el influjo de la gracia santificante que da Dios a San
Juan y a los hombres; ponerse bajo la maternidad de María,
Mediadora de todas las gracias, y estar al pie de la Cruz, obedeciendo
la última orden dada por Cristo a sus seres amados,; Cristo
redentor, en el apogeo de su Divinidad, a punto de morir, habla
de maternidad y filiación. Con eso premia la fidelidad, con
el camino a la Gloria.
El hombre del linaje santo es pues el hombre que se mantiene fiel
a la Iglesia, como Juan al pié de la Cruz. El linaje santo
es mariano. Es obra especial de Dios. El linaje que pisa la cabeza
a Satán es humilde, y como consecuencia de la humildad, es
casto. Ni Cristo ni María, ni Juan o Juan Diego o Juan de
Zumárraga son débiles al llamado de la carne. Los
hombres que Dios acerca a su senda reconocen el valor y la ordenada
continencia; ordenan sus actos a la reproducción en obediencia
al mandato de Dos en el Génesis, “creced y reproducios”
dentro del cauce marcado por Dios , el Santo Matrimonio, y viven
limpiamente. Tal vez Dos los llame a encausar su vida a ser fecundos
en la santificación por medio de la entrega completa a Dios.
¿Y qué pensar de la presencia de Fray Juan de Zumárraga
en el contexto de las apariciones?, ¿Tendrá algún
significado esta presencia eclesiástica?
En la imagen milagrosa todo parece tener significado. La Iglesia
de su Hijo es muy querida para la Señora, y es el instrumento
de lucha contra Satán. María y su linaje navegan en
las mismas aguas de gracia y de bondad, de promesa y de predestinación.
Ambas son parte partes supremas de la obra de Dios –la creación
ordenada a Su Gloria- y no a la soberbia de Satanás. Por
eso María se presenta en esta alianza , que tiene como principal
receptor del mensaje , el día doce del mes doce del año
de mayor actividad protestante , a un representante de la Iglesia
de su Hijo en el continente americano. La más trascendente
aparición, la que quedó plasmada en la tilma de Juan
Diego. Se efectuó frente a Fray Juan, Obispo y luego Arzobispo
de la Iglesia de Dios en México. Ni reyes ni promotores del
cisma fueron privilegiados. Sólo la Iglesia de Dios recibe
esta alianza, certificada por la omnipotencia e Dios, no plasmada
por mano humana.
Contesta la Iglesia por boca de Benedicto XIV... “non fecit
taliter omni nationi”; “no hizo tal a ninguna otra nación”.
Esto, porque aún el arca de la alianza que entregó
Dios a los judíos, no fue hecha por la mano de Dios. La promesa
de un redentor hecho por Dios a los judíos, es superada por
la confirmación de la Redención ya efectuada y marca
a la nación del mestizo cobrizo como protegido por María
de los ataques de Satán. Repetimos la opinión de que
el hombre fiel a la Iglesia, obediente a la orden de Dios, amigo
estrecho y afiliado a María, humilde y casto según
su estado, es el que parece ser elegido por Dios para formar parte
de Su linaje santo.
La historia ha demostrado que los grupos que se separan de la Iglesia
han caído, primero, en divisiones internas y luego han desaparecido
lenta pero inequívocamente. Las primeras divisiones: maniqueos,
donatistas, arrianos, pelagianos, monofisitas, ¿quién
se acuerda de ellos? Se separaron del cuerpo de la Iglesia y se
secaron como ramas sin savia de ciencia y sabiduría que infunde
el Espíritu Santo. El orgulloso imperio de Constantinopla
y su Iglesia Ortodoxa, aplastada por los otomanos y luego por los
comunistas, apenas sobrevive, dividida por supuesto en varios grupos;
Iglesia Ortodoxa Griega, Rusa, Chipriota, .. Le siguieron los protestantes,
en veinte mil versiones del mismo error de ignorar al Espíritu
Santo, que se manifiesta por conducto de la Iglesia que Pedro y
Pablo dejaron en Roma hace dos mil años... los mismos síntomas
de división, como nueva torre de Babel, y sufrirán
con las armas que han producido y alimentado; el antinatalismo,
el armamentismo, el comunismo... La historia se repite y la Iglesia
de Dios al igual que en el Gólgota, parecerá que languidece
cuando más brilla su santidad. Los caminos de Dios sólo
los entiende el hombre cuando es alumbrado por el espíritu
de Verdad, y Dios ha escogido como linaje propio al de los hombres
que se afilian con el caminar de María: que no corren tras
el mundo, que no son ahuyentados por el miedo al gobierno civil
o corren tras las doctrinas de moda. Son aquellos que se mantienen
fieles a la gracia de redención quienes -hoy y ahora- pisan
ya la cabeza del infame, al tiempo en que caminan a la Gloria.
Así nos dice el Espíritu Santo por conducto de Su
Iglesia. Así parece confirmarlo la Trinidad Beatísima
en el incomparable evento de las apariciones guadalupanas.
Alianza y confirmación parece ser la tilma de Juan Diego.
Respuesta a la promesa de Dios Hijo clavado en la Cruz, según
los Evangelios. La aparición de Nuestra Señora de
Guadalupe no es revelación pública, pero sí
es confirmación de la Revelación Bíblica, mensaje
pictórico emanado del pincel de la acción trinitaria
hacia la creación. Mensaje queridísimo para todos
los católicos de México y del mundo.
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