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Texto
del Nican Mopohua (castellano) Comentario
Versión de Primo Feliciano de Velázquez al libro "Huei
tlamahuiçoltica...", de Luis Laso de la Vega, 1649.
Versión PDF
En orden y concierto se refiere aquí de qué
maravillosa manera apareció poco ha la siempre Virgen Santa
María, Madre de Dios, Nuestra Reina, en el Tepeyac, que se
nombra Guadalupe.
PRIMERO SE DEJO VER DE UN POBRE INDIO llamado Juan
Diego; y después se apareció su preciosa imagen delante
del nuevo obispo don fray Juan de Zumárraga. También
(se cuentan) todos los milagros que ha hecho.
Primera aparición
1. Diez años después de tomada la ciudad de
México se suspendió la guerra y hubo paz entre los
pueblos
2. así
como empezó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero
Dios, por quien se vive.
3.A la sazón, en el año
de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de
diciembre, sucedió que había un pobre indio,
4. de nombre Juan Diego según
se dice, natural de Cuautitlán.
5. Tocante a las cosas espirituales aún
todo pertenecía a Tlatilolco.
6. Era sábado, muy de madrugada, y
venía en pos del culto divino y de sus mandados.
7.Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyácac
amanecía
8. y oyó cantar arriba del cerrillo:
semejaba canto de varios pájaros preciosos; callaban a ratos
las voces de los cantores; y parecía que el monte les respondía.
Su canto, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del COYOLTOTOTL
y del TZINIZCAN y de otros pájaros lindos que cantan.
9. Se paró Juan Diego a ver y dijo
para sí: "¿Por ventura soy digno de lo que oigo? ¿quizás
sueño? ¿me levanto de dormir?
10. ¿dónde estoy? ¿acaso
en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros
mayores? ¿acaso ya en el cielo?".
11. Estaba viendo hacia el oriente, arriba
del cerrillo de donde procedía el precioso canto celestial
12. y así que cesó repentinamente
y se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del
cerrillo y le decían: "Juanito, Juan Dieguito".
13. Luego se atrevió a ir adonde le
llamaban; no se sobresaltó un punto; al contrario, muy contento,
fue subiendo al cerrillo, a ver de dónde te llamaban.
14. Cuando llegó a la cumbre, vio
a una señora, que estaba allí de pie
15. y que le dijo que se acercara.
16. Llegado a su presencia, se maravilló
mucho de su sobrehumana grandeza:
17. su vestidura era radiante como el sol;
18. el risco en que se posaba su planta flechado
por los resplandores,
19. semejaba una ajorca piedras preciosas,
20. y relumbraba la tierra como el arco iris.
21. Los mezquites, nopales y otras diferentes
hierbecillas que allí se suelen dar, parecían de esmeralda;
su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como
el oro.
22. Se inclinó delante de ella y se
oyó su palabra muy blanda y cortés, cual de quien
atrae y estima mucho.
23. Ella le dijo "Juanito, el más
pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?"
24.El respondió: "Señora y
Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México
Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan Si enseñan
nuestros sacerdotes, delegados de nuestro Señor".
25. Ella luego le habló y le descubrió
su santa voluntad,
26. le dijo: "Sabe y ten entedido, tú
el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre
Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se
vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del
cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí
un templo
27. para en él mostrar y dar
28. todo mi amor, compasión, auxilio
defensa,
29. pues yo soy vuestra piadosa madre;
30. a ti, a todos vosotros juntos los moradores
de esta tierra
31. y a los demás amadores míos
que me invoquen y en mí confíen;
32. oír allí sus lamentos,
y remediar todas sus miserias, penas y dolores.
33. Y para realizar lo que mi clemencia pretende,
ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo
yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que aquí
en el llano me edifique un templo: le contarás puntualmente
cuanto has visto y admirado y lo que has oído.
34. Ten por seguro que lo agradeceré
bien y lo pagaré,
35. porque te haré feliz
36. y merecerás mucho que yo recompense
el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo.
37. Mira que ya has oído mi mandato,
hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu
esfuerzo".
38. Al punto se inclinó delante de
ella y le dijo: "Señora mía, ya va cumplir tu mandado;
por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo".
39. Luego bajó, para ir a hacer su
mandado; y salió a la calzada que viene en línea recta
a México.
40. Habiendo entrado en la ciudad, sin dilación
se fue en derecho al palacio del obispo, que era el prelado que
muy poco antes había venido y se llamaba don fray Juan de
Zumárraga, religioso de San Francisco.
41. Apenas llegó, trató de
verle; rogó a sus criados que fueran a anunciarle
42. y pasado un buen rato vinieron a llamarle,
que había mandado el señor obispo que entrara.
43. Luego que entró, se inclinó
y arrodilló delante de él; en seguida le dio el recado
de la Señora del Cielo; y también le dijo cuanto admiró,
vio y oyó.
44. Después de oír toda su
plática y su recado, pareció no darle crédito;
45. y le respondió: "Otra vez vendrás,
hijo mío y te Oiré más despacio, lo veré
muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con
que has venido".
46. El salió y se vino triste; porque
de ninguna manera se realizó su mensaje.
Segunda aparición
47. En el mismo día se volvió;
se vino derecho a la cumbre del cerrillo
48. y acertó con la Señora
del Cielo, que le estaba aguardando, allí mismo donde la
vio la vez primera.
49. Al verla se postró delante de
ella y le dijo
50. "Señora, la más pequeña
de mis hijas. Niña mía, fui a donde me enviaste a
cumplir tu mandado; aunque con dificultad entré a donde es
el asiento del prelado; le vi y expuse tu mensaje, así como
me advertiste;
51. me recibió benignamente y me oyó
con atención; pero en cuanto me respondió, pareció
que no la tuvo por cierto,
52. me dijo: ¿"Otra vez vendrás;
te oiré más despacio: veré muy desde el principio
el deseo y voluntad con que has venido. "
53. Comprendí perfectamente en la
manera como me respondió, que piensa que es quizás
invención mía que Tú quieres que aquí
te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya;
54. por lo cual, te ruego encarecidamente,
Señora y Niña mía, que a alguno de los principales,
conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje
para que le crean
55. porque yo soy un hombrecillo, soy un
cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente
menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña
de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde
no ando y donde no paro.
56. Perdóname que te cause gran pesadumbre
y caiga en tu enojo., Señora y Dueña mía".
57. Le respondió la Santísima
Virgen:
58. "Oye, hijo mío el más pequeño,
ten entendido que son muchos mi servidores y mensajeros, a quienes
puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad;
59. pero es de todo punto preciso que tú
mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla
mi voluntad.
60. Mucho te ruego, hijo mío el más
pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana
a ver al obispo.
61. Dale parte en mi nombre y hazle saber
por entero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que
le pido.
62. Y otra vez dile que yo en persona, la
siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía".
63. Respondió Juan Diego: "Señora
y Niña mía, no te cause yo aflicción; de muy
buena gana iré a cumplir tu mandado; de ninguna manera dejaré
de hacerlo ni tengo por penoso el camino.
64. Iré a hacer tu voluntad; pero
acaso no seré oído con agrado; o si fuere oído,
quizás no se me creerá.
65. Mañana en la tarde, cuando se
ponga el sol, vendré a dar razón de tu mensaje con
lo que responda el prelado.
66. Ya de ti me despido, Hija mía
la más pequeña, mi Niña y Señora. Descansa
entre tanto".
67. Luego se fue él a descansar a
su casa.
68. Al día siguiente, domingo muy
de madrugada, salió de su casa y se vino derecho a Tlatilolco,
a instruirse de las cosas divinas y estar presente en la cuenta
para ver enseguida al prelado.
69. Casi a las diez, se presentó después
de que oyó misa y se hizo la cuenta y se dispersó
el gentío.
70. Al punto se fue Juan Diego al palacio
del señor obispo.
71. Apenas llegó, hizo todo empeño
por verlo, otra vez con mucha dificultad le vio:
72. se arrodilló a sus pies; Se entristeció
y lloró al exponerle el mandato de la Señora del Cielo;
73. que ojalá que creyera su mensaje,
y la voluntad de la Inmaculada, de erigirle su templo donde manifestó
que lo quería.
74. El señor obispo, para cerciorarse,
le preguntó muchas cosas, dónde la vio y cómo
era; y él refirió todo perfectamente al señor
obispo.
75. Mas aunque explicó con precisión
la figura de ella y cuanto había visto y admirado, que en
todo se descubra ser ella la siempre Virgen Santísima Madre
del Salvador Nuestro Señor Jesucristo;
76. sin embargo, no le dio crédito
77. y dijo que no solamente por su plática
y solicitud se habla de hacer lo que pedía;
78. que, además, era muy necesaria
alguna señal; para que se le pudiera creer que le enviaba
la misma Señora del Cielo.
79. Así que lo oyó, dijo Juan
Diego al obispo:
80. "Señor, mira cual a de ser la
señal que pides; que luego iré a pedírsela
a la Señora de lo que me envía acá".
81. Viendo el obispo que ratificaba todo,
sin dudar, ni retractar le despidió.
82. Mandó inmediatamente a unas gentes
de su casa en quienes podía confiar, que le vinieran siguiendo
y vigilando mucho a donde iba y a quién veía y hablaba.
83. Así se hizo. Juan Diego se vino
derecho y caminó por la calzada;
84. los que venían tras él,
donde pasa la barranca, cerca del puente Tepeyác perdieron;
y aunque más buscaron por todas partes, en ninguna le vieron.
85. Así es que regresaron, no solamente
porque se fastidiaron también porque les estorbó su
intento y les dio enojo.
86. Eso fue informar al señor obispo,
inclinándole a que no le creyera, le dijeron que no más
le engañaba; que no más forjaba lo que venía
a decir, que únicamente soñaba lo que decía
y pedía;
87. y en suma discurrieron que si otra vez
volvía, le habían de coger y castigar con dureza que
nunca más mintiera y engañara.
Tercera aparición
88. Entre tanto, Juan Diego estaba con la
Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía
del señor obispo;
89. la que oída por la Señora,
le dijo:
90. "Bien está, hijo mío, volverás
aquí mañana para que lleves al obispo la señal
que te ha pedido;
91. con eso te creerá y acerca de
esto ya no dudará ni de ti sospechará
92. y sábete, hijito mío que
yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por
mí has emprendido;
93. ea, vete ahora; que mañana aquí
aguardo".
94. Al día siguiente, lunes, cuando
tenia que llevar Juan Diego alguna señal para ser creído,
ya no volvió.
95. Porque cuando llegó a su casa
un tío que tenía, llamado Juan Bernardino, le había
dado la enfermedad, y estaba muy grave.
96. Primero fue a llamar a un médico
y le auxilió; pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave.
97. Por la noche le rogó su tío
que de madrugada saliera, y viniera a Tlatilolco a llamar un sacerdote,
que fuera a confesarle y disponerle,
98. porque esta cierto de que era tiempo
de morir y que ya no se levantaría ni sanaría.
99. El martes, muy de madrugada, se vino
Juan Diego de su casa a Tlatilolco a llamar al sacerdote;
100. y cuando venia llegando al camino que
sale junto a la ladera del cerrillo del Tepeyácac, hacia
el poniente, por donde tenía costumbre de pasar, dijo:
101. "Si me voy derecho, no sea que me vaya
a ver la Señora, y en todo caso me detenga, para que lleve
la señal al prelado, según me previno:
102. que primero nuestra aflicción
nos deje y primero llame yo de prisa al sacerdote; el pobre de mi
tío lo está ciertamente aguardando".
103. Luego, dio vuelta al cerro, subió
por entre él y pasó al otro lado, hacia el oriente,
para llegar pronto a México y que no le detuviera la Señora
del Cielo.
Cuarta aparición
104. Pensó que por donde dio vuelta,
no podía verle la que está mirando bien a todas partes.
105. La vio bajar de la cumbre del cerrillo
y que estuvo mirando hacia donde antes él la veía.
106. Salió a su encuentro a un lado
del cerro y le dijo:
107. "¿Qué hay, hijo mío
el más pequeño? ¿a dónde vas?."
108. ¿Se apenó él un
poco o tuvo vergüenza, o se asustó?.
109. Juan Diego se inclinó delante
de ella; y le saludó, diciendo:
110. "Niña mía, la más
pequeña de mis hijas. Señora, ojalá estés
contenta. ¿Cómo has amanecido? ¿estás
bien de salud, Señora y Niña mía?.
111. Voy a causarte aflicción: sabe,
Niña mía, que está muy malo un pobre siervo
tuyo, mi tío;
112. le ha dado la peste, y está para
morir.
113. Ahora voy presuroso a tu casa de México
a llamar uno de los sacerdotes amados de Nuestro Señor, que
vaya a confesarle y disponerle;
114. porque desde que nacimos, venimos a
aguardar el trabajo de nuestra muerte.
115. Pero si voy a hacerlo, volveré
luego otra vez aquí, para ir a llevar tu mensaje. Señora
y Niña mía,
116. perdóname; ténme por ahora
paciencia; no te engaño, Hija mía la más pequeña;
mañana vendré a toda prisa".
117. Después de oír la plática
de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen:
118. "Oye y ten entendido, hijo mío
el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige,
no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra
alguna enfermedad y angustia.
119. ¿No estoy yo aquí que
soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No
soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?
¿Qué más has menester?
120. No te apene ni te Inquiete otra cosa;
no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá
ahora de ella: está seguro de que ya sanó".
121. (Y entonces sanó su tío
según después se supo).
122. Cuando Juan Diego oyó estas palabras
de la Señora del Cielo, se consoló mucho; quedó
contento.
123. Le rogó que cuanto antes le despachara
a ver al señor obispo, a llevarle alguna señal y prueba;
a fin de que le creyera.
124. La Señora del Cielo le ordenó
luego que subiera a la cumbre del cerrillo, donde antes la veía
125. Le dijo: "Sube hijo mío el más
pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me viste
y te di órdenes,
126. hallarás que hay diferentes flores;
córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja
y tráelas a mi presencia".
127. Al punto subió Juan Diego al
cerrillo
128. y cuando llegó a la cumbre se
asornbró mucho de que hubieran brotado tantas variadas, exquisitas
rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan,
129. porque a la sazón se encrudecía
el hielo;
130. estaban muy fragantes y llenas de rocío,
de la noche, que semejaba perlas preciosas.
131. Luego empezó a cortarlas; las
juntó y las echó en su regazo.
132. La cumbre del cerrillo no era lugar
en que se dieran ningunas flores, porque tenía muchos riscos,
abrojos, espinas, nopales y mezquites;
133. y si se solían dar hierbecillas,
entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come y echa a perder
el hielo
134. Bajó inmediatamente y trajo a
la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar;
135. la que, así como las vio, las
cogió con su mano
136. y otra vez se las echó en el
regazo, diciéndole:
137. "Hijo mío el más pequeño,
esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás
al obispo.
138. Le dirás en mi nombre que vea
en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla:
139. Tú eres mi embajador, muy digno
de confianza.
140. Rigurosamente te ordeno que sólo
delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas.
141. Contarás bien todo; dirás
que te mandé subir a la cumbre del cerrillo que fueras a
cortar flores; y todo lo que viste y admiraste;
142. para que puedas inducir al prelado a
que dé su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo
que he pedido".
143. Después que la Señora
del Cielo le dio su consejo, se puso en camino por la calzada que
viene derecho a México: ya contento
144. y seguro de salir bien,
145. trayendo con mucho cuidado lo que portaba
en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos,
146. y gozándose en la, fragancia
dé las variadas hermosas flores.
147. Al llegar al palacio del obispo, salieron
a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado.
148. Les rogó le dijeran que deseaba
verle, pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le oian,
sea porque era muy temprano,
149. sea porque ya le conocían, que
sólo los molestaba, porque les era importuno;
150. y además, ya les habían
informado sus compañeros, que le perdieron de vista, cuando
habían ido en su seguimiento.
151. Largo rato estuvo esperando.
152. Ya que vieron que hacia mucho que estaba
allí de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si acaso era
llamádo, y que al parecer traia algo que portaba en su regazo,
se acercaron a él para ver lo que traia y satisfacerse.
153. Viendo Juan Diego que no les podía
ocultar lo que traía y que por eso le habían de molestar,
empujar o aporrear, descubrió un poco que eran flores,
154. y al ver que todas eran diferentes rosas
de Castilla, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se
asombraron muchisimo de ello, lo mismo de que estuvieran muy frescas,
tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas.
155. Quisieron coger y sacarle algunas;
156. pero no tuvieron suerte las tres veces
que se atrevieron a tomarlas; no tuvieron suerte,
157. porque cuando iban a cogerlas, ya no
veían verdaderas flores, sino que les parecían pintadas
o labradas o cosidas en la manta.
158. Fueron luego a decir al obispo lo que
habian visto
159. y que pretendia verle el indito que
tantas veces habia venido; el cual hacía mucho que por eso
aguardaba, queriendo verle.
160. Cayó, al oirlo el señor
obispo, en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara
y cumpliera lo que solicitaba el indito.
161. En seguida mandó que entrara
a verle.
162. Luego que entró, se humilló
delante de él, así como antes lo hiciera,
163. y contó de nuevo todo lo que
habia vista y admirado, y también su mensaje.
164. Dijo: "Señor, hice lo que me
ordenaste,
165. que fuera a decir a mi Ama, la Señora
del Cielo, Santa María, preciosa Madre de Dios, que pedías
una señal para poder creerme que le has de hacer el templo
donde ella, te pide que lo erijas;
166. y además le dije que yo te, había
dado mi palabra de traerte alguna señal y prueba, que me
encargaste, de su voluntad.
167. Condescendió a tu recado y acogíó
benignamente lo que pides, alguna señal y prueba para que
se cumpla su voluntad.
168. Hoy muy temprano me mandó que
otra vez viniera a verte;
169. le pedí la señal para
que me creyeras, según me habia dicho que me la daría;
y al punto lo cumplió:
170. me despachó a la cumbre del cerrillo,
donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla.
171. Después me fui a cortarlas" las
traje abajo,
172. las cogió con su mano
173. y de nuevo las echó en mi regazo,
174. para que te las trajera y a ti en persona
te las diera.
175. Aunque yo sabía bien que la cumbre
del cerrillo no es lugar en que se den flores, porque sólo
hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por
eso dudé;
176. cuando fui llegando a la cumbre del
cerrillo miré que estaba en el paraíso,
177. allí estaban ya perfectas todas
las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay,llenas
de rocío, esplendorosas, de modo que las fui a cortar.
178. Ella me dijo por qué te las había
de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal
que pides y cumplas su voluntad
179. y también para que aparezca la
verdad de mi palabra y de mi mensaje.
180. Hélas aquí: recíbelas".
181. Desenvolvió luego su blanca manta,
pues tenía en su regazo las flores;
182. y así que se esparcieron por
el suelo todas las diferentes rosas de Castilla,
183. se dibujó en ella y apareció
de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María,
Madre de Dios, de la manera que está
184. y se guarda hoy en su templo del Tepeyácac,
que se nombra Guadalupe.
185. Luego que la vio el señor obispo,
él y todos los que allí estaban se arrodillaron; mucho
la admiraron;
186. se levantaron a verla; se entristecieron
y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el corazón
y el pensamiento.
187. El señor obispo, con lágrimas
de tristeza oró y pidió perdón de no haber
puesto en obra su voluntad y su mandato.
188. Cuando se puso en pie, desató
del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta
189. en que se dibujó y apareció
la Señora del Cielo.
190. Luego la llevó y fue a ponerla
en su oratorio.
191. Un día más permaneció
Juan Diego en la casa del obispo que aún le detuvo.
192. Al día siguiente, le dijo: "Ea,
a mostrar dónde es voluntad de la Señora del Cielo
que le erija su templo".
193. Inmediatemante se convidó a todos
para hacerlo.
194. No bien Juan Diego señaló
dónde había mandado la Señora del Cielo que
se levantara su templo, pidió licencia de irse.
195. Quería ahora ir a su casa a ver
a su tío Juan Bernardino, el cual estaba muy grave, cuando
le dejo y vino a Taltilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle
y disponerle, y le dijo la Señora del Cielo que ya había
sanado.
196. Pero no le dejarón ir solo, sino
que le acompañaran a su casa.
197. Al llegar, vieron a su tío que
estaba muy contento y que nada le dolía.
198. Se asombró mucho de que llegara
acompañado y muy honrado su sobrino,
199. a quien preguntó la causa de
que así lo hicieran, y que le honraran mucho.
200. Le respondió su sobrino que,
cuando partió a llamar al sacerdote que le confesara y dispusiera,
se le apareció en el Tepeyácac la Señora del
Cielo;
201-202. la que, diciéndole que no
se afligiera, que ya su tío estaba bueno, con que mucho se
consoló, le depachó a México, a ver al señor
obispo para que le edificara una casa en el Tepeyácac.
203. Manifestó su tío ser cierto
que entonces le sanó
204. y que la vio del mismo modo en que se
aparecía a su sobrino;
205. sabiendo por ella que le había
enviado a México a ver al obispo.
206. También entonces le dijo la Señora
que, cuando él fuera a ver al obispo, le revelara lo que
vio
207. y de qué manera milagrosa le
había sanado;
208. y que bien la nombraría, así
como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre
Virgen Santa María de Guadalupe.
209. Trajeron luego a Juan Bernardino a presencia
del señor obispo; a que viniera a informarle y atestiguara
delante de él.
210. A entrambos, a él y a su sobrino,
los hospedó el obispo en su casa algunos días,
211. hasta que se erigió el templo
de la Reina del Tepeyácac, donde la vio Juan Diego.
212. El señor obispo trasladó
a la lglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del
Cielo;
213. la sacó del oratorio de su palacio,
donde estaba, para que toda la gente viera y admirara su bendita
imagen.
214-215. La ciudad entera se conmovió:
venía a ver y admirar su devota imagen,
216. y a hacerle oración.
217. Mucho le maravillaba que se hubiese
aparecido por milagro divino;
218. porque ninguna persona de este mundo
pintó su preciosa imagen.
Comentario:
Esta es la versión castellana realizada por
Primo Feliciano de Velázquez al Nican Mopohua de Luis Lasso
de la Vega (1649). Sin duda se trata de la traducción más
difundida. El lenguaje en que se reproducen las palabras nahuas
es piadoso y de índole popular, lo que sin duda contribuyó
a su notable reconocimiento. La presente traducción se publicó
por primera vez en en 1926 y ha sido parte esencial de infinidad
de folletos devocionales impresos a lo largo del siglo XX. Para
permitir la comparación de enfoques y contenido, la versificación
es coincidente en las diversas traducciones del Nican Mopohua que
ProyectoGuadalupe.com irá
poniendo a su alcance en el Acervo Documental. Compare este texto
con la versión castellana de Mario
Rojas.
Consulte la Bibliografía de ProyectoGuadalupe.com.
La versión de Primo Feliciano puede encontrarse impresa y
comentada en Anónimo, Guadalupe, FCE y Testimonios
históricos Guadalupanos, de De La Torre Villar et
al, FCE, Volver Arriba
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