|
Carta de don Hernando de
Molina, de don Baltasar Hernández y de los alcaldes y regidores
de Azcapotzalco al rey Felipe II:
En latín (en
negro)
y castellano (en rojo)
, Azcapotzalco, 10 febrero 1561
Comentario
Versión PDF
1. [44r] Invictissimo Hispaniarum Regi ac
V Caroli imperatoris haeredi foelicissimo Philippo azcaputzalcani
omnium infimi famuli summam foelicitatem comprecantur.
Superbum ac pene improbum cuique videbitur, foelicissime
Rex, nos omnium infimos ad te inter homines supremum regem litteras
destinare, ad quem non sat firmo animo scribere solent qui vel regia
dignitate vel eruditione varia sunt insigniti. At cum nos mancipia
et quidem humillima simus, et litteras sive divinas sive humanas
necdum a limine salutaverimus, annon temerarium omnino fuerit nos
scribere non ad principem quemquam sed ad te talem ac tantum regem?
Ut etiam si tuos servos ultro nos offeramus vix digni judicemur;
qui enim aut quales sumus? Nempe pauperes, miseri, barban, tales
denique quorum praedecessores suae tempore gentilitatis fuere admodum
rustid, abiecti, nudi et corporis et animae dotibus, inter quas
primas habent
1. Al invictísimo
Rey de las Españas y felicísimo heredero del emperador
Carlos V, don Felipe, los habitantes de Azcaputzalco, sus más
humildes siervos, le desean suma felicidad.
A cualquiera podría
parecerle presuntuoso y hasta empresa vana, oh Rey felicísimo,
el que nosotros, los más bajos de todos, enviemos una carta
a V.M., supremo rey entre los hombres, al cual no suelen escribir
con ánimo seguro los mismos que se hallan adornados o con
la dignidad real o con variada erudición. Y siendo nosotros
esclavos muy humildes, que ni de lejos hemos tenido acceso a las
letras divinas y humanas, ¿acaso no será del todo temerario
el que nos atrevamos a escribir, no a un príncipe cualquiera,
sino a V.M., que es un tal y tan gran rey? Y así, aunque
nos ofrecemos espontáneamente como vuestros vasallos, no
por eso nos juzgamos suficientemente dignos. Pues, ¿quiénes
o qué somos? No somos sino unos pobres, miserables y bárbaros,
tales en suma
2. virtutes ac litterae, quas profecto ne
per somnium quidem novere. Cum haec omnia veritate sint fulta, quid
faciundum censes? Nunquam ne indis audendum cum principe, regeve
aut imperatore? Imo vero, audendum quam maxime, ne extremae pusillanimitatis
esse credamur, et si qua est animis insita timiditas est procul
abigenda, audaces enim fortuna iuvat timidosque repellit. Ad haec
ausum non minimum prestat id quod litteris est proditum, nimirum
principes non christianos solum, verum et ethnicos in suos subditos
fuisse mites, benignos, clementes, eosdemque in suis querellis aut
quibusvis petitionibus lubentissime audisse. Gui rei argumento est
Adrianus imperator, et is pro multis unus sufficiet, qui transiens
in itinere a muliere quadam rogatus ut eam audiret, cum respondisset
sibi ocium non esse, audivit ab ipsa muliere: "Noii ergo imperare";
tum conversus aequissimo animo eam audivit. A quo te absimilem credere
nefas esse ducimus, quippe qui sis adeo benignus, humanus, pius
cum erga caeteros cuiusvis status et ordinis homines tum erga nos
indigenas, in quibus tua pietas non tam verbis quam factis est declarata.
Quare tua pietate freti modeste magis quam audacter tuae caesareae
Maiestati, quae animum ad scribendum impullere brevitate quam maxima
fieri [44v] potuerit proponemus, quae omnia in ordinem redigentur
quo clarius distinctiusque cognosci queant quae a tua clementia
consequi conamur.
2. como nuestros antepasados,
los cuales en el tiempo de su idolatría fueron gente rústica
y abyecta y estuvieron desnudos de las dotes de cuerpo y alma, entre
las que sobresalen las virtudes y las letras, las que ciertamente
ni en sueños conocieron. Y siendo esto verdad, ¿qué
podremos hacer? ¿Nunca, entonces, han de atreverse los indios
a hablar con su príncipe, rey o emperador? Al contrario,
hay que atreverse, para que no se piense que somos pusilánimes,
y aun si en el alma se hallase aposentada alguna suerte de timidez,
habría que ahuyentaría, pues la Fortuna ayuda a los
audaces y rechaza a los tímidos. Alienta no poco este nuestro
atrevimiento lo que se lee en las historias, a saber, que no sólo
los príncipes cristianos sino también los paganos
se mostraron condescendientes, benignos y clementes para con sus
súbditos, pues escuchaban de buen grado sus quejas y peticiones.
Sirva de ejemplo, y éste solo valdrá por muchos, el
emperador Adriano, al cual hallándose de camino le rogó
una mujer que la escuchase; habiéndole respondido que no
tenía tiempo, recibió de la mujer esta respuesta:
"Entonces no seas emperador"; y volviéndose él, la
escuchó con ánimo benevolente. Pensamos que sería
injusto creer que VM. es diferente, pues nos consta que sois benigno,
humano y piadoso, ya sea para con los demás hombres, de cualquier
estado y condición, ya sea para con nosotros los indios,
a quienes habéis mostrado vuestra piedad no tanto con palabras
como con obras. Así pues, confiados en vuestra piedad, y
con más
3. Primum. Si quid est quod nostrum satis
male animum habeat est quod nostrum oppidum cuius fines terrarum
quondam longe lateque protendebantur modo intra angustos et arctos
contineatur; quod mirum alicui videri non debet, cum hispani non
solum sed et nostrae nationis homines nobis confines maximam agrorum
partem, ex his qui ceu res haereditariae ab avis atavisque nostris
sunt relicti, per nefas usurparint. Neque vero nobis multum reclamantibus
unquam bene successit, partim quia pecuniis destitueremur partim
quia comendatarius esset semper absens, qui erat Franciscus de Montejo,
provinciae yucatanae preses. Sed quorsum hec? Certe ut intelligas
tlacubanenses impresentiarum multos ex nostris agris habere iniuste,
de quibus etsi abhinc duodeviginti annis aut eo plus inter nos et
illos est mota lis apud senatores non fuit tamen deciSa, quod sane
incuriae non est ascribendum sed morborum variis generibus quae
illis annis in indos crassabantur simul et comendatarii absentiae.
Porro eos iure hereditario ad nos pertinere clare indicat caussae
liber quae tunc temporis est acta. Eiusdem rei est luculentissimus
testis licentiatus Geynos qui nuper ab Hispania in hanc regionem
se rur
3. modestia que audacia,
en la forma más breve que nos sea posible queremos exponer
las razones que nos impulsaron a escribir a vuestra cesárea
Majestad; y todo lo iremos diciendo por orden, para que con
claridad y distinción pueda saberse qué es lo que
pretendemos obtener de vuestra clemencia.
Primero. Si hay algo que lastima
hondamente nuestro ánimo es el contemplar que nuestro pueblo,
cuyos linderos de tierras en tiempos antiguos se extendían
ampliamente a lo largo y a lo ancho, ahora ha quedado encerrado
entre límites reducidos y estrechos; aunque esto no debiera
asombrar a nadie, ya que no sólo los españoles, sino
también los hombres de nuestra nación que se hallan
vecinos a nosotros se han apoderado injustamente de la mayor parte
de los campos que nuestros abuelos y antepasados nos dejaron como
herencia. Y si bien lo hemos reclamado con insistencia, nunca hasta
ahora hemos tenido éxito, en parte por hallarnos desposeídos
de dinero, en parte por estar siempre ausente nuestro encomendero,
que era don Francisco de Montejo, adelantado de la provincia de
Yucatán. Pero, ¿a qué viene todo esto? Pues para
que se entienda que los de Tlacuban poseen ahora injustamente muchos
de nuestros campos; y aunque acerca de tales campos se entabló
pleito entre ellos y nosotros ante los oidores hará unos
18 o más años, no se llegó a una decisión;
lo cual de ninguna manera debe atribuirse a descuido, sino a varios
géneros de enfermedades que por aquellos años se cebaron
en los
4. sum recepit. Necnon et noster qui est
hoc tempore comendatarius licentiatus Maledonatus qui preses insulae
Sancti Dominici fuit, qui tuam caesaream Maiestatem certiorem efficiet
non modo per ea quae de hoc negotio a fide dignissimis didicit sed
etiam per quasdam terrarum descriptiones. Ac proinde ubi causam
op time noris, per eum quem in Deum optimum maximum geris purum
amorem mandare digneris ut nobis restituantur. Atque haec satis
de primo.
Secundum. In picturis quibusdam quas isthuc transmittimus
invenire licet hispanos multos sibi, iure an iruuña ipsi
viderint, predia multa accepisse intra ipsos quos tam arctos limites
modo habemus, nec sine nostrorum damno et incommodo, quippe aut
ab eis aut ab eorum famulis sepenumero male tractentur, praecipue
dum vel nostros terminos observare laboramus aut ab eis quas habent
pecudes tempore sementis abigimus. Quare ne quispiam alius hispanus
posthac predium aliquod rursum accipere audeat, a tua clementia
summopere contendimus ut quaepiam regia cedula tuae cesareae Maiestatis
chyrographo munita ad nos transmittatur in defensionem simul et
4. indios, y también
a la mencionada ausencia del encomendero. Así pues, que por
derecho hereditario esos campos nos pertenezcan, claramente lo indica
el expediente de la causa que entonces se promovió. De todo
esto es muy calificado testigo el licenciado Ceynos, el cual recientemente
acaba de volver de España a esta región. Asimismo,
el licenciado Maldonado, que al presente es nuestro encomendero
y que fue presidente de la isla de Santo Domingo, podrá atestiguar
ante vuestra cesárea Majestad, no sólo por lo que
acerca de este negocio ha podido averiguar de personas fidedignas,
sino también por ciertas descripciones de tierras. Por lo
tanto, una vez que os hayáis impuesto perfectamente de esta
causa, dignaos mandar, por el amor puro que profesáis a Dios
óptimo y máximo, que se nos restituyan tales campos.
Y con esto baste acerca de lo primero.
Segundo. En ciertas pinturas
que os estamos enviando puede apreciarse cómo muchos españoles
si con justicia o con injusticia, ellos lo verán
se han apoderado de muchas sementeras dentro de los mismos limites
tan estrechos que ahora tenemos, y esto además con no poco
daño e incomodidad de los nuestros, quienes con frecuencia
son maltratados por ellos o por sus criados, especialmente cuando
intentamos defender nuestros linderos o cuando en tiempo de siembras
echamos de ellos al ganado que tienen. Así pues, para que
en adelante ningún otro español se atreva a apoderarse
nuevamente de algún campo, solicitamos encarecidamente de
5. conservationem terminorum, quibus nostri
oppidi agri concluduntur.
Tertium. Quoniam servitia publica quae Mexici impenduntur
aut templis struendis aut excolendis hispanorum agris magnae vexationi
nobis extant et eousque ut nulla transeat hebdomada quin in ea multi
ex nobis, cum tamen perpauc simus, ad haec servitia impendenda distribuantur,
triginta quidem ad structionem ecclesiae divi Dominici, viginti
vero ad hispanorum predia, decem autem ad aedem sacratissimae Virginis
archiepiscopalem, quinque etiam ad templum quod vulgo Guadalope
dicitur virginis Mariae; inde fit ut ecclesiam quam iam a multis
annis inceptam habemus ad finem usque protrahere minime valeamus,
sed nec impresentiarum incipere mona [44r] (sic) chorum monasterium,
qui in quibusdam domibus satis humilibus commorantur apud nos. Quare
a tua clementia suppliciter petimus ut spacio annorum aliquot ab
omnibus servitiis publicis immunes relinquamur, donec et
ecclesiam et monasterium perstruamus. Ad haec quoniam in
animo est nostram gentem dispersam in unum coadunare aediculasque
nostras callibus ornare quo humanus cultus qui christianitatis basis
magna videtur in nobis regnet et barbaries ipsa iamiam exulet, suplicamus
terque quaterque non nobis denegetur petitum.
5. vuestra
clemencia que se nos envíe una real cédula, firmada
por vuestra cesárea Majestad, que garantice la defensa y
conservación de los linderos que limitan los campos de nuestro
pueblo.
Tercero. Porque con
los servicios públicos que prestamos en México, ya
sea para la construcción de los templos, ya sea para el cultivo
de los campos de los españoles, se nos hace gran vejación,
de suerte que no pasa semana sin que muchos de nosotros, aun siendo
tan pocos, sean requeridos para prestar dichos servicios: 30 para
la construcción de la iglesia de Santo Domingo, 20 para las
sementeras de los españoles, 10 para la capilla arzobispal
de la santísima Virgen, y 5 finalmente para el templo de
la Virgen María que se llama de Guadalope; de ahí
resulta que no hayamos podido llevar a término la iglesia
que desde hace muchos años tenemos comenzada, y que al presente
tampoco hayamos comenzado el monasterio de los frailes, los cuales
viven entre nosotros en casas muy modestas.
Por lo tanto, suplicamos humildemente de vuestra clemencia que por
espacio de algunos años podamos quedar exentos de todos los
servicios públicos, hasta que logremos construir la iglesia
y el monasterio. Además, como existe la intención
de congregar a nuestra gente dispersa y dotar de calles a nuestras
casas, a fin de que reine entre nosotros la humana policía,
la cual se reputa como apreciable fundamento de la cristiandad,
y que se vea desterrada la barbarie, suplicamos una y otra vez que
no se nos niegue lo que pedimos.
6. Quartum. Etsi nostrum oppidum est modo
exiguum, verumtamen ohm non fuit minima provincia inter alias quas
sane excellebat antiquitate et nobilitate; antiquitate quidem, nam
antiquorum annales edocent conditum fuisse abhinc millessimo quingentessimo
vigessimo quinto anno; nobilitate vero, quia qui ubique populorum
sunt nobiles seu ingenui suam traxisse originem ex Azcaputzalco
universi uno ore fatentur. Atque eam ob rem quos terrarum terminos
habebat trium dierum itinere ex omni parte comprehendebantur. Praeterea
quicquid in montibus continetur qui circumiacent oppido nostro totum
erat in utilitatem nostram nemine obstante, nam trabes, tabulas,
ligna acapna et lapides cedere etiam precio nullo soluto cuicumque
licebat. Post vero non incuria nostra sed tyrannide potius tlacubanenses
cum reliquis oppidulis quae circumiacent et sylvas cednas et lapidicinas
ita sibi ascripserunt ut iam nulli nostrorum liceat quicquam ex
eis cedere, quamquam persolvamus precium simul et ad id faciendum
Regii Senatus Mexici schaedulas habeamus. Quocirca a tua clementia
submisse postulamus ut quemadmodum abhinc viginti annis communes
nobis erant una cum aliis ita sint in posterum, nec quisquam ad
cedendum aut trabes aut lapides inhibeat, qua in re authoritatem
tue cesaree Maiestatis exoptamus.
Quintum. Nostrum oppidum fuisse quondam provinciam
et qui
6. Cuarto. Aunque al
presente nuestro pueblo sea exiguo, en tiempos pasados no fue ciertamente
la más pequeña entre las otras provincias, a las cuales
sobrepujaba en antigüedad y nobleza; en antigüedad, pues
los anales de los mayores nos dicen que fue fundado hace 1525 años;
en nobleza también, porque los que son nobles y honrados
en todos los pueblos reconocen unánimes que su origen se
remonta a Azcaputzalco. Por tal razón, los linderos de tierras
que tenía se extendían a tres días de camino
en todas direcciones. Además, todo lo contenido en los montes
que circundan a nuestro pueblo era para nuestro aprovechamiento,
sin que nadie lo estorbase; y así, cualquiera podía,
aun sin pagar por ello precio alguno, cortar vigas, tablas, leña
seca y piedras. Posteriormente, no por descuido nuestro sino más
bien por la tiranía ajena, los de Tlacuban y los de otros
pueblos circunvecinos se apropiaron de los bosques de cedros y de
las canteras, de modo que ahora ninguno de nosotros puede cortar
cosa alguna, aunque estemos dispuestos a pagar su precio, y aunque
para hacerlo tengamos licencia escrita de la Real Audiencia de México.
Por lo tanto, humildemente imploramos de vuestra clemencia que así
como hace 20 años estas cosas eran de propiedad común
para nosotros y para los demás, así lo sean en adelante,
y que nadie nos prohíba cortar vigas o piedras; sobre esto,
pues, invocamos la autoridad de vuestra cesárea Majestad.
Quinto. Muchos argumentos
podrían aducirse como prueba de
7. dem magnam in testimonium complurima adduci
possunt, inter quae haec duo praecipua existimamus. Unum quidem,
quod constet liquido satis populos multos vectigales habuisse quorum
oppida haec ferme fuere: Quauhnahuac, Tetelpa, Xilotepec. Matlatzinco,
Cohuatepec, Cempohualla, Nanacapa, quae quidem omnia annua tributa
pendere tenebantur, idque antequam a Marchione Cortesio provincia
mexicana expugnaretur. Alterum, quod ex eo tanquam ex fonte uberrimo
derivata sint non pauca oppida quae prius non erant nisi colonie
ductae a domino nostri oppidi qui dicebatur Teçoçomoctli,
dominus profecto generosissimus, ditissimus et, quod maius est,
vita longissimus qui secundum antiquorum memoriam vixisse fertur
centum et sexaginta sex annis, nec plures esse annos praeterquam
centum et triginta tres ex quo e vivis concessit. Hic itaque coloniis
a se factis in dominos praefecit suos filios quos perplures habuit;
nam maiorem filium moriens hic suo loco substituit dominum et haeredem
nomine Ylhuicamina. Atque ut rem paucis aperiamus, mexicani cum
oppugnati fuere ab azcaputzalcanis iuxta montem nomine Chapoltepec
in quem prius applicuere ex longa ac diutina peregrinatione, postea
errabundi hinc inde pellebantur ignorantes omnino quem locum ad
habitandum eligerent, eos miseratus dictus Teçoçomoctliea
in parte loci ubi nunc est Tenuchtitla collocandos ¡ 1 [44v]
(sic) mandavit. Qui quidem mexicani octoginta annis serviere oppi
7. que nuestro pueblo
fue antiguamente una gran provincia, pero entre ellos pensamos que
deben señalarse dos principales. El primero es la clara constancia
de que tuvo muchos pueblos sujetos y tributarios, cuyas cabeceras
fueron las siguientes:
Quauhnahuac, Tetelpa, Xilotepec,
Matlatzinco, Cohuatepec, Cempohualla y Nanacapa, todas las cuales
estaban obligadas a pagar un tributo anual; esto fue antes de que
la provincia de México fuera conquistada por el Marqués
Cortés. El segundo es que de Azcaputzalco como de fuente
fecunda se originaron no pocos pueblos que antes no eran sino simples
colonias dominadas por el señor de nuestro pueblo, que se
llamaba Teçoçomoctli; fue éste un señor
muy rico y generoso pero sobre todo muy longevo, pues según
la memoria de los mayores se dice que vivió 166 años,
y apenas han pasado 133 años desde su muerte. Teçoçomoctli
puso a sus hijos, que los tuvo numerosos, como señores de
las colonias por él fundadas; y así, al morir dejó
en su lugar como señor y heredero a su hijo mayor llamado
Ylhuicamina. Y, para decirlo en breve, cuando los mexicanos fueron
vencidos por los de Azcaputzalco junto al cerro de Chapoltepec.
adonde primero se acogieron tras larga y duradera peregrinación,
y anduvieron luego errantes pues eran arrojados de un lado para
otro sin saber qué lugar habrían de escoger para su
morada, compadeciéndose de ellos el dicho Teçoçomoctli
mandó que se asentaran en el lugar donde
8. donostro ei pro tributo persolvendo quae
ex lacu capere poterant: pisces, ranas, anseres aliaque id genus
aquatilia. Inter quos tandem orta nescio qua dissensione qui a communi
consortio descivere vocati sunt tlatilolcani a quodam terre aggere
in medio lacus posito in quem transiere amissa iam amicitia. Quibus
iam segregatis a mexicanis dominus Teçoçomoctli dedit
in primatem et rectorem filium appellatum Quaquapitzahuac. 2a. colonia
est yocata Tlacuba cuius colonis idem dominus Teçoçomoctliduos
filios constituit, unum nomine Aculnahuacatl, alterum vero Tzaqualcatl,
quibus mortuis reliqui coloni in nostrum oppidum proditores extitere
utpote qui dolo et fraude dominium azcaputzalcanorum sibi vindicarint.
Unde est factum ut nunc videatur provincia Tlacuba, cum prius tamen
fuerit colonia facta a Teçoçomoctli. 3a. est dicta
Coyohuaca, ubi fuit dominus Maxtlato. 4a. est Atlacuihuaya, ubi
fuit dominus Yepcohuatl. 5a.Huitzilopochco, cuius dominus fuit Yztachecatl.
6a. Cohuatlayauhca nunc Mexico subiecta; eius dominus fuit Tecocohua.
7a.est Tultitla, cuius dominus fuit Tepanonoc. 8a. est Tepechpa,
cuius primas fuit Quahquauhtzi. 9a. est Aculma, ubi dominus est
factus Teyolcocohua. ioa est Tulquauhyoca, cuius dominus fuit Teuhtlehuac.
10a. est Cuitlachtepec, ubi fuit domina filia nomine Xocotzi,
12a. est Chiappa, ubi fuit domina filia nomine Tomiyauh. 13a. est
Ayotochco, cuius dominus fuit Yohuallatohua. 14a. est Oztoticpac,
dominus cuius fuit Tlacacuitlahua. 15a. est Quecholac, ubi fuit
domina alia filia
8. ahora se halla Tenuchtitla.
Los mexicanos sirvieron a nuestro pueblo durante 80 años,
pagándole como tributo lo que podían coger en el lago:
peces, ranas, patos y otros animales acuáticos semejantes.
Pero habiéndose suscitado entre ellos no sé qué
disensión, los que se separaron del grupo común recibieron
el nombre de tlatilolcas, por cierto mentón de tierra que
sobresalía en medio del lago y al cual se trasladaron cuando
quedó rota la amistad. A éstos, que se habían
separado de los mexicanos, el señor Teçoçomoctli
les dio como jefe y gobernante a un hijo suyo llamado Quaquapitzahuac.
La segunda colonia se llamó Tlacuba, a cuyos pobladores el
mismo señor Teçoçomoctli. les dio como señores
a dos hijos suyos, el uno llamado Aculnahuacatl, y el otro llamado
Izaqualcatl; muertos los cuales, los demás colonos se comportaron
como traidores hacia nuestro pueblo, pues con fraudes y dolo se
apropiaron de lo que pertenecía a los de Azcaputzalco. Así
vino a suceder que ahora Tlacuba parezca provincia, siendo que al
principio era sólo una colonia fundada por Teçoçomoctli
La tercera colonia se llamó Coyohuaca, de donde fue señor
Maxtlato. La cuarta colonia es Atlacuihuaya. de donde fue señor
Epcohuatl. La quinta colonia, Huitzilopochco, de donde fue señor
Yztachecatl. La sexta colonia, Cohuatlayauhca, que ahora está
sujeta a México, tuvo por señor a Tecocohua. La séptima
es Tultitla, cuyo señor fue Tepanonoc. La octava es Tepechpa,
cuyo señor fue Quahquauhtzi. La novena es Aculma, de
9. nomine Azcalxoch. 16aest Totomihuaca,
cuius domina fuit filia nomine Tlacochcue. Quae omnia clariora evadent
ex pictura quadam, ubi hae coloniae describuntur simul et nomina
filiorum Teçoçomoctli qui dominati sunt singulis coloniis.
Caussa vero, quare haec in medium adducamus est ut nostrum hoc oppidum
quod iam monstravimus provinciam fuisse quondam nomine civitatis
donetur a tua clementia.
Sextum. Penes nos sunt iam a multis annis quaedam
nostri oppidi insignia, quae quominus ab aliquo irrita credantur
conf irmanda tua cesarea authoritate maxime volumus, quippe optime
nostrae reipublicae statum declarant. In primis depingitur formica,
nec abs re, quia a formica suum sortitur nomen nostrum oppidum;
panes vero qui turris pinnas videtur habere muros quorumdam mercatorum
signat, fortissimos sane, quos tamen ob suam egregiam fortitudinem
maiores nostri solo equavere. Deinde subsequitur cor, quod quidem
quemadmodum est vitae fons et onigo, ita nostrum op
9. donde
fue hecho señor Teyolcocohua. La décima es Tulquauhyoca,
cuyo señor fue Teuhtlehuac. La undécima es Cuitlachtepec,
donde fue señora una hija llamada Xocotzi. La duodécima
es Chiappa, donde fue señora otra hija llamada Tomiyauh.
La decimotercera es Ayotochco, cuyo señor fue Yohuallatohua.
La decimocuarta es Oztoticpac, cuyo señor fue Tlacacuitlahua.
La decimoquinta es Quecholac, donde fue señora otra hija
llamada Azcalxoch. La decimosexta es Totomihuaca, cuya señora
fue una hija llamada Tlacochcue. Todo lo cual parecerá más
claro por una pintura, donde estas colonias están pintadas
juntamente con los nombres de los hijos de Teçoçomoctli
que gobernaron en cada una de ellas. Y la razón de traer
esto a colación es para que nuestro pueblo, el cual según
mostramos fue antiguamente provincia, reciba de vuestra clemencia
el nombramiento de ciudad.
Sexto. Desde hace ya muchos
años tenemos en nuestro pueblo un escudo de armas, y para
que nadie lo considere sin valor, deseamos vivamente que sea confirmado
por vuestra cesárea autoridad, pues declara muy apropiadamente
el estado de nuestra república. Ante todo aparece en él
una hormiga, y no sin motivo, porque el nombre de nuestro pueblo
se deriva de "hormiga"; luego, una muralla que parece tener almenas
torreadas representa los muros de un mercado, y son éstos
tan fuertes que por su gran fortaleza nuestros mayores los compararon
con el suelo firme. Viene después un pidum fuit origo totius
nobilitatis corazón, porque así como éste es
10. quae in populis huius Novae Hispaniae
est dispersa. Huic conriectitur ornamentum quod simile episcoporum
thiarae videtur, tali namque insigniebantur priscis temporibus indorum
domini. Super haec omnia est crux, significans crucem Domini quam
asiaticis praedicavit Philippus Dei apostolus, cui quidem in honorem
ecclesia huius oppidi est dicata.
Septimum. Haud nobis est obscurum divinum illud
oraculum:
"Sapientia cor stabilit, ventis pondus ponit", ex
quo clarissimum omnibus redditur litterarum cognitione christianorum
corda in fide maxime corroboran, atque hos qui aliquando gentilitatis
ventis agitati fuere, pondus in sua christianitate habere. Porro
cum in nobis recens sit plantata vitae arbor verae vitalis, ipsa
videlicet fides catholica quae ut altius radices mittat, nostro
oppido convenientissimum iudicamus nos etiam musarum domo donan
debere, quam ut in hoc nostro oppido fundare valeamus, copiam a
tua caesarea Maiestate expetimus, ubi etsi [45r] scientiarum omnium
genera edoceri non debeat, at certe grammatica cum lingua hispana
quae commodius praelegi possunt a quibusdam nostnis qui sermonem
latinum peninde ac hispani saepe sunt prof essi.
Octavum. Ante hispanorum adventum mercatum quem
tianquizco
10. fuente y origen
de la vida, así nuestro pueblo fue origen de toda la nobleza
que se hallaba repartida por los pueblos de esta Nueva España.
Al corazón se une un ornamento que es a manera de tiara episcopal,
pues con tal insignia se distinguía en los tiempos antiguos
a los señores de los indios. Por encima de todo hay una cruz,
que simboliza la cruz del Señor, predicada a los asiáticos
por el apóstol de Dios San Felipe, a cuyo honor está
dedicada la iglesia de este pueblo.
Séptimo. No se nos
oculta el sentido del oráculo divino: "La sabiduría
afirma el corazón, y le da peso para resistir a los vientos".
Para todos es patente que con el conocimiento de las letras los
corazones de los cristianos se afianzan grandemente en la fe, y
los que antiguamente eran agitados por los vientos de la gentilidad
adquieren peso en su cristiandad. Así pues, habiendo sido
plantado recientemente entre nosotros el árbol vivo de la
verdadera vida, es decir, la santa fe católica, a fin de
que eche más profundas raíces juzgamos muy provechoso
para nuestro pueblo que también nosotros seamos dotados con
una casa de las musas, y para poder fundarla en este nuestro pueblo
solicitamos la Licencia de vuestra cesárea Majestad, donde,
aunque no hayan de enseñarse todas las ciencias, por lo menos
lo sean la gramática y la lengua española, las cuales
pueden sin dificultad ser enseñadas por algunos de los nuestros
que conocen la lengua latina tan bien como los españoles.
Octavo. Nadie discute que
antes de la venida de los españoles haya
11. vocamus alibi quam in nostro oppido fuisse
semper habitum qui ambigat est nemo, qui ab omnibus ita frequentabatur
ut non tam certis quam continuis diebus in eo venderentur vane merces
ac pene infiniti servi atque captivi qui hoc in loco solum venui
exponebantur. Postea vero ita est factum ut oppidum quodque vel
minimum sua propria authoritate mercatum iam habeat, atque apud
nos mercatus iam non fiat, nisi dumtaxat die uno qualibet hebdomada,
scilicet die sabbati, quod est in omnium detrimentum. Ideoque tuam
caesaream Maiestatem testamur atque obsecramus ut mercatus qui hoc
in loco celebrabatur quotidie adminus duobus diebus habeatur, die
Martis et die iam praefixo.
Habes iam, christianissime Rex, quae a tua summa
clementia obtinere desideramus, quae etiam quia iusta, quia honesta,
quia utilia, eadem ut concedantur nobis hortari possunt. Neque vero
quicquam dehortetur nostra omnium vilitas et paupertas, qui licet
1ro pauperiores atque alga viliores simus, sumus tamen sacrae catholicae
caesareae Maiestatis servi fideles atque iam in christianorum albo
relati per fidem catholicam atque sacri baptismatis aliorumque sacramentorum
susceptionem. Quae res sola caussa sufficiens esse potest quominus
in nostris petitionibus nobis deesse possis quia christianissimus,
quia maxime potens, quia natura liberalissimus. Ne vero modum seu
septa ut dicitur epistola transiliat, iam hic finem capiet, si tamen
subiecero fuisse in vo-
11. habido siempre
en nuestro pueblo, y antes que en cualquier otro lugar, mercado,
llamado tianquizco, al cual todos acudían, puesto
que no sólo en determinados días sino diariamente
se vendían en él variadas mercancías, así
como innumerables esclavos y cautivos que sólo en este sitio
se ponían a la venta. Posteriormente ha sucedido que cualquier
pueblo, por pequeño que sea, puede ahora tener mercado por
propia autoridad, en tanto que entre nosotros ya no hay mercado
si no es un día a la semana, es decir, el sábado,
lo cual redunda en perjuicio de todos. Así pues, rogamos
y suplicamos a vuestra cesárea Majestad que el mercado que
se celebraba diariamente en este lugar, se tenga por lo menos dos
días a la semana, es decir, el martes y en el día
ya establecido.
Ya sabéis, cristianísimo
Rey, cuáles son las cosas que deseamos obtener de vuestra
gran clemencia, y puesto que se trata de cosas justas, honestas
y útiles, resulta recomendable que se nos otorguen. Y que
no os disuadan nuestra bajeza y miseria, pues aunque seamos más
pobres que el mendigo Iro y de menos valor que las algas, somos
también sin embargo vasallos fieles de vuestra sacra, católica
y cesárea Majestad, y estamos ya inscritos en el catálogo
de los cristianos por la fe católica y por la recepción
del santo bautismo y de los demás sacramentos. Esta sola
circunstancia debería ser causa suficiente para que no dejéis
de atender nuestras peticiones, puesto que sois cristianísimo,
muy poderoso y de natural tan generoso. Pero para que esta nuestra
carta no rebase
12. tis ad Hispaniam duos ex nobis mittere
qui negotia declarare possent, sed per proregem non licuit nec super
ea re plus molesti esse voluimus, quod sciremus te etiam idem nolle.
Qua de caussa visum est has litteras destinare quibus sane ultra
iam humiliter petita, etiam a Deo optimo maximo tuae caesareae Maiestati
precamur vitam longevam, regna ampla in terris et gloriam semper
duraturam in celis.
Datae Azcaputzalci, quarto idus februarii, anno
vero a Christo nato quingentessimo sexagessimo primo supra millessimum.
Tuae sacrae, catholicae, caesareae Maiestatis infimi
servi: ¡ ¡
[45v] Don Hernando de Molina, governador
[Rubricado]
Pedro Zacharias,
alcalde
[Rubricado]
Antonio Valeriano
[Rubricado]
12. la justa medida
o, como dicen, se brinque la cerca, aquí le pondremos fin,
no sin antes añadir que teníamos el deseo de enviar
a España a dos de los nuestros para que expusieran de viva
voz nuestros negocios, pero no habiendo consentido en ello vuestro
virrey, por nuestra parte tampoco quisimos insistir, sabiendo que
VM. no lo aprobaría. En vista de ello, optamos más
bien por dirigiros esta carta, en la cual, además de presentaros
nuestras humildes peticiones, imploramos de Dios óptimo y
máximo para vuestra cesárea Majestad una larga vida,
dilatados reinos en la tierra y la gloria perdurable en los cielos.
Dada en Azcaputzalco, a los
10 días del mes de febrero del año del nacimiento
de Jesucristo de 1561.
De vuestra sacra, católica
y cesárea Majestad humildes vasallos.
Don Baltasar Hernández,
governador
[Rubricado]
Pedro Dionisio,
alcalde
[Rubricado]
Francisco Plácido [Rubricado]
Diego de San Filipe, regidor
Francisco Chalcocalqui, regidor
[Rubricado]
Francisco de los Ángeles
[Rubricado]
Pero Garçía,
regidor
Martín Cano
regidor
Don Martín de San
Matheo
Martín deSanto Domingo
Martín de San Miguel
[Envoltorio sellado:]
A la sacra, cathólica
y cesárea Magestad del invictissimo rey nuestro señor
don Filipe, en los reynos de España.
Es del pueblo de Azcapoçalco
para su Magestad.
[Sevilla, Archivo General
de Indias: Audiencia de México, 1842.]
Comentario
La presente carta dirigida al rey Felipe II por
varios notables de Azcapotzalco es importante debido a que en ella
firma Antonio Valeriano, a quien se le ha atribuido el texto del
Nican Mopohua. En ella, además, encontramos una interesante
y teprana referencia al culto guadalupano y al templo del Tepeyacac
[en azul]. El texto de la carta
está escrito en un latín sumamente elegante y es muy
posible que su autor sea el mismo Valeriano.
Aquí ofrecemos la versión latina
y su traducción al castellano [en rojo].
Los número para definir párrafos han sido agregados
por ProyectoGuadalupe.com. Esta carta fue dada a conocer
originalmente por Pedro Carrasco ("The Extent of the Tepanec Empire",
en Jacqueline de Durand-Forest [ed.], The Native Sources and
the History of the Valley of Mexico, Manchester y Oxford,
BAR International Series 204, 1984, pp. 73-92.
Consulte la Bibliografía de ProyectoGuadalupe.com.
Mayor información acerca de este documento en La nobleza
indígena del centro de México después de la
Conquista, de Emma Pérez-Rocha, y Rafael Tena.
Volver
arriba
|