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Texto
del Nican Mopohua (castellano)
Versión del Pbro. Mario Rojas al libro "Huei tlamahuiçoltica...",
de Luis Laso de la Vega, 1649.
Comentario
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Aquí se narra, se ordena, cómo hace
poco, milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa
María Madre de Dios, nuestra reina, allá en el Tepeyac,
de renombre Guadalupe.
Primero se hizo ver de un indito, su nombre Juan
Diego; y después se apareció su Preciosa Imagen delante
del reciente obispo don fray Juan de Zumárraga. (...)
1. Diez años después
de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas
las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz
en los pueblos,
2.así como brotó, ya
verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél
por quien se vive: el verdadero Dios.
3.En aquella
sazón, el año 1531, a los pocos días del mes
de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre
hombre del pueblo,
4.Su nombre era Juan Diego, según
se dice, vecino de Cuauhtitlan,
5.y en las cosas de Dios, en todo
pertenecía a Tlatilolco.
6.Era sábado, muy de madrugada,
venía en pos de Dios y de sus mandatos.
7.Y al llegar cerca del cerrito llamado
Tepeyac ya amanecía.
8.Oyó cantar sobre el cerrito,
como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces,
como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos,
sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al
de otros pájaros finos.
9.Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo:
¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá
nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente
lo veo como entre sueños?
10.¿Dónde estoy? ¿Dónde
me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos
nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores,
en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento;
acaso en la tierra celestial?
11.Hacia allá estaba viendo,
arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía
el precioso canto celestial.
12.Y cuando cesó de pronto el canto,
cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban,
de arriba del cerrillo, le decían: "Juanito, Juan Dieguito".
13.Luego se atrevió a ir a
donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón
ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre
y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver
de dónde lo llamaban.
14.Y cuando llegó a la cumbre
del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba
de pie,
15.lo llamó para que fuera
cerca de Ella.
16.Y cuando llegó frente a
Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación
aventajaba su perfecta grandeza:
17.su vestido relucía como
el sol, como que reverberaba,
18.y la piedra, el risco en el que
estaba de pie, como que lanzaba rayos;
19.el resplandor de Ella como preciosas
piedras, como ajorca (todo lo más bello) parecía
20.la tierra como que relumbraba con
los resplandores del arco iris en la niebla.
21.Y los mezquites y nopales y las
demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían
como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su
tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro.
22.En su presencia se postró.
Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora,
sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho.
23.Le dijo:- "Escucha, hijo mío
el menor, Juanito. ¿a dónde te diriges?"
24.Y él le contestó:
"Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré,
a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios
que nos dan que nos enseñan quienes son las imágenes
de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes"
25.En seguida, con esto dialoga con
él, le descubre su preciosa voluntad;
26.le dice: "Sábelo, ten por
cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy
la perfecta siempre Virgen Santa María, madre del verdaderísimo
dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño
de la cercanía y de la inmediación, el dueño
del cielo, el dueño de la tierra, mucho deseo que aquí
me levanten mi casita sagrada.
27.En donde lo mostraré, lo
ensalzaré al ponerlo de manifiesto:
28.Lo daré a las gentes en
todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en
mi salvación:
29.Porque yo en verdad soy vuestra
madre compasiva,
30.Tuya y de todos los hombres que
en esta tierra estáis en uno,
31.y de las demás variadas
estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los
que me busquen, los que confíen en mí,
32.porque allí les escucharé
su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes
penas, sus miserias, sus dolores.
33.y para realizar lo que pretende mi compasiva
mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México,
y le dirás que cómo yo te envío, para que le
descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una
casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuanto
has visto y admirado, y lo que has oído.
34.y ten por seguro que mucho lo agradeceré
y lo pagaré,
35.que por ello te enriqueceré,
te glorificaré;
36.y mucho de allí merecerás
con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar
el asunto al que te envío.
37.Ya has oído, hijo mío
el menor, mi aliento mi palabra; anda, haz lo que esté de
tu parte".
38.E inmediatamente en su presencia
se postró; le dijo:"Señora mía, Niña,
ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por
ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito".
39.Luego vino a bajar para poner en
obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a
México.
40.Cuando vino a llegar al interior
de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, que muy recientemente
había llegado, gobernante sacerdote; su nombre era D. Fray
Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco.
41.Y en cuanto llegó luego
hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes,
que vayan a decírselo;
42.después de pasado largo
rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo
que entrara.
43.Y en cuanto entró, luego
ante él se arrodilló, se postró, luego ya le
descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de
la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo
que admiró lo que vio, lo que oyó.
44.Y habiendo escuchado toda su narración,
su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto,
45.le respondió, le dijo: "Hijo
mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré,
bien aun desde el principio miraré, consideraré la
razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo".
46.Salió; venía triste
porque no se realizó de inmediato su encargo.
47.Luego se volvió, al terminar
el día , luego de allá se vino derecho a la cumbre
del cerrillo,
48.y tuvo la dicha de encontrar a
la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez
se le apareció, lo estaba esperando.
49.Y en cuanto la vio, ante Ella se
postró, se arrojó por tierra, le dijo:
50."Patroncita, Señora, Reina,
Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya
fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra;
aunque difícilmente entré a donde es el lugar del
gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu
palabra, como me lo mandaste.
51.Me recibió amablemente y
lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió,
como que no lo entendió, no lo tiene por cierto.
52.Me dijo: "Otra vez vendrás;
aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré
por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad".
53.Bien en ello miré, según
me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan
aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez
no es de tus labios;
54.mucho te suplico, Señora
mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles,
estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que
conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que
le crean.
55.Porque en verdad yo soy un hombre
del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo
necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar
ni de mí detenerme allá a donde me envías,
Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña;
56.por favor dispénsame: afligiré
con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo,
en tu disgusto, Señora Dueña mía".
57.Le respondió la perfecta
Virgen, digna de honra y veneración:
58."Escucha, el más pequeño
de mis hijos, ten por cierto que no son escasos mis servidores,
mis mensajeros, a quienes encargué que lleven mi aliento
mi palabra, para que efectúen mi voluntad;
59.pero es muy necesario que tú,
personalmente, vayas, ruegues, que por tu intercesión se
realice, se lleve a efecto mi querer, mi voluntad.
60.y, mucho te ruego, hijo mío
el menor, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana
a ver al obispo.
61.y de mi parte hazle saber, hazle
oír mi querer, mi voluntad, para que realice, haga mi templo
que le pido.
62.y bien, de nuevo dile de qué
modo yo, personalmente, la siempre virgen santa maría, yo,
que soy la Madre de Dios, te mando".
63.Juan Diego, por su parte, le respondió,
le dijo: "Señora mía, Reina, Muchachita mía,
que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo
gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna
manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino.
64.Iré a poner en obra tu voluntad,
pero tal vez no seré oído, y si fuere oído
quizás no seré creído.
65.Mañana en la tarde, cuando
se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra, a tu aliento,
lo que me responda el gobernante sacerdote.
66.Ya me despido de Ti respetuosamente,
Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora,
Niña mía, descansa otro poquito.
67.Y luego se fue él a su casa
a descansar.
68.Al día siguiente, domingo,
bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro,
de allá salió, de su casa, se vino derecho a Tlatilolco,
vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista; luego
para ver al señor obispo.
69.Y a eso de las diez fue cuando
ya estuvo preparado: se había oído misa y se había
nombrado lista y se había dispersado la multitud.
70.Y Juan Diego luego fue al palacio
del señor obispo.
71.Y en cuanto llegó hizo toda
la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vio;
72.a sus pies se hincó, lloró,
se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento
de la Reina del Cielo,
73.que ojalá fuera creída
la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle
su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería
74.Y el gobernante obispo muchísimas
cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse,
dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente
se lo contó al señor obispo.
75.Y aunque todo absolutamente se
lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía
con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa
Madre de Nuestro Salvador Nuestro Señor Jesucristo,
76.sin embargo, no luego se realizó.
77.Dijo que no sólo por su
palabra, su petición se haría, se realizaría
lo que él pedía,
78.que era muy necesaria alguna otra
señal para poder ser creído cómo a él
lo enviaba la Reina del Cielo en persona.
79.Tan pronto como lo oyó Juan
Diego, le dijo al obispo:
80."Señor gobernante, considera
cuál será la señal que pides, porque luego
iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió".
81.Y habiendo visto el obispo que
ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha.
82.Y en cuanto se viene, luego le
manda a algunos de los de su casa en los que tenía absoluta
confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde
iba, a quién veía, con quién hablaba.
83.Y así se hizo. Y Juan Diego
luego se vino derecho. Siguió la calzada.
84.Y los que lo seguían, donde
sale la barranca cerca del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron
a perder. Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo
vieron.
85.Y así se volvieron. No sólo
porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también
porque les impidió su intento, los hizo enojar.
86.Así le fueron a contar al
señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera,
le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada
más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo
soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.
87.Y bien así lo determinaron
que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían,
y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir
mentiras ni a alborotar a la gente.
88.Entre tanto, Juan Diego estaba
con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que
traía del señor obispo;
89.la que, oída por la Señora,
le dijo:
90."Bien está, hijito mío,
volverás aquí mañana para que lleves al obispo
la señal que te ha pedido;
91.con eso te creerá y acerca
de esto ya no dudará ni de ti sospechará;
92.y sábete, hijito mío,
que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que
por mi has emprendido;
93.ea, vete ahora; que mañana
aquí te aguardo".
94.Y al día siguiente, lunes,
cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser
creído, ya no volvió.
95.Porque cuando fue a llegar a su
casa, a un su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había
asentado la enfermedad, estaba muy grave.
96.Aun fue a llamarle al médico,
aún hizo por él, pero ya no era tiempo, ya estaba
muy grave.
97.Y cuando anocheció, le rogó
su tío que cuando aún fuere de madrugada, cuando aún
estuviere oscuro, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatilolco
algún sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera
a prepararlo,
98.porque estaba seguro de que ya
era el tiempo, ya el lugar de morir, porque ya no se levantaría,
ya no se curaría.
99.Y el martes, siendo todavía
mucho muy de noche, de allá vino a salir, de su casa, Juan
Diego, a llamar el sacerdote a Tlatilolco,
100.y cuando ya acertó a llegar
al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde
sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes
él saliera, dijo:
101."Si me voy derecho por el camino,
no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes,
me detendrá para que le lleve la señal al gobernante
eclesiástico como me lo mandó;
102.que primero nos deje nuestra tribulación;
que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso, mi tío
no hace más que aguardarlo".
103.En seguida le dio la vuelta al
cerro, subió por en medio y de ahí atravesando, hacia
la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a
México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo.
104.Piensa que por donde dio la vuelta
no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está
mirando.
105.La vio cómo vino a bajar
de sobre el cerro, y que de allí lo había estado mirando,
de donde antes lo veía.
106.Le vino a salir al encuentro a
un lado del cerro, le vino a atajar los paso; le dijo:
107."¿Qué pasa, el más
pequeño de mis hijos? ¿a dónde vas, a dónde
te diriges?":
108.Y él, ¿tal vez un
poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o
tal vez de ello se espantó, se puso temeroso?
109.En su presencia se postró,
la saludó, le dijo:
110."Mi Jovencita, Hija mía
la más pequeña, Niña mía, ojalá
que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso
sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña
mía?
111.Con pena angustiaré tu
rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía,
que está muy grave un servidor tuyo, tío mío.
112.Una gran enfermedad se le ha asentado,
seguro que pronto va a morir de ella.
113.Y ahora iré de prisa a
tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro
Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo
y a prepararlo,
114.porque en realidad para ello nacimos,
los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte.
115.Más, si voy a llevarlo
a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar
tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía.
116.Te ruego me perdones, ténme
todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño,
Hija mía la menor, Niña mía, mañana
sin falta vendré a toda prisa".
117.En cuanto oyó las razones
de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:
118."escucha, ponlo en tu corazón,
hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó,
lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón;
no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante,
aflictiva.
119.¿no estoy aquí, yo,
que soy tu madre? ¿no estás bajo mi sombra y resguardo?
¿no soy, yo la fuente de tu alegría? ¿no estás
en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿tienes
necesidad de alguna otra cosa?.
120.que ninguna otra cosa te aflija,
te perturbe; que note apriete con pena la enfermedad de tu tío,
porque de ella no morirá por ahora. ten por cierto que ya
está bueno"
121.(Y luego en aquel mismo momento
sanó su tío, como después se supo):
122.Y Juan Diego, cuando oyó
la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cielo, muchísimo
con ello se consoló, bien con ello se apaciguó su
corazón,
123.y le suplicó que inmediatamente
lo mandara a ver al gobernador obispo, a llevarle algo de señal,
de comprobación, para que creyera
124.la Reina Celestial luego le mandó
que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes la veía;
125.Le dijo: "Sube, hijo mío
el menor, a la cumbre del cerrillo, a donde me viste y te di órdenes
126.allí verás que hay
variadas flores: córtalas, reúnelas, ponlas todas
juntas; luego, baja aquí; tráelas aquí, a mi
presencia.
127.Y Juan Diego luego subió
al cerrillo,
128.y cuando llegó a la cumbre,
mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus
corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando
todavía no era su tiempo:
129.porque de veras que en aquella
sazón arreciaba el hielo;
130.estaban difundiendo un olor suavísimo;
como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno.
131.Luego comenzó a cortarlas,,
todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.
132.Por cierto que en la cumbre del
cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo
abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites,
133.y si acaso algunas hierbecillas
se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo
lo come, lo destruye el hielo.
134.Y en seguida vino a bajar, vino
a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había
ido a cortar,
135.y cuando las vio, con sus venerables
manos las tomó;
136.luego otra vez se las vino a poner
todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:
137."Mi hijito menor, estas diversas
flores son la prueba, la señal que llevarás al obispo;
138.de mi parte le dirás que
vea en ellas mi deseo, y que por ello realice mi querer, mi voluntad.
139.y tú..., tú que
eres mi mensajero...., en ti absolutamente se deposita la confianza;
140.y mucho te mando, con rigor que
nada más a solas en la presencia del obispo extiendas tu
ayate, y le enseñes lo que llevas.
141.y le contarás todo puntualmente
le dirás que te mandé que subieras a la cumbre del
cerrito a cortar flores, y cada cosa que viste y admiraste,
142.para que puedas convencer al gobernante
sacerdote, para que luego ponga lo que está de su parte para
que se haga, se levante mi templo que le he pedido".
143.Y en cuanto le dio su mandato
la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México,
ya viene contento.
144.Ya así viene sosegado su
corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará
perfectamente.
145.Mucho viene cuidando lo que está
en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire;
146.viene disfrutando del aroma de
las diversas preciosas flores.
147.Cuando vino a llegar al palacio
del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás
servidores del sacerdote gobernante,
148.y les suplicó que le dijeran
cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que
no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro,
149.o tal vez porque ya lo conocían
que nomás los molestaba, los importunaba,
150.y ya les habían contado
sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando
lo fueron siguiendo
151.Durante muchísimo rato
estuvo esperando la razón.
152.Y cuando vieron que por muchísimo
rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por
si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco
de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía
y desengañarse.
153.Y cuando vio Juan Diego que de
ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que
por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo
aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores.
154.Y cuando vieron que todas eran
finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran,
las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que
tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que
parecían
155.Y quisieron coger y sacar unas
cuantas;
156.tres veces sucedió que
se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo,
157.porque cuando hacían el
intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de
pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían.
158.Inmediatamente fueron a decirle
al gobernante obispo lo que habían visto,
159.cómo deseaba verlo el indito
que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo
rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería
verlo.
160.Y el gobernante obispo, en cuando
lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para
convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito.
161.Enseguida dio orden de que pasara
a verlo.
162.Y habiendo entrado, en su presencia
se postró, como ya antes lo había hecho.
163.Y de nuevo le contó lo
que había visto, admirado, y su mensaje.
164.Le dijo:"Señor mío,
gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste;
165.así fui a decirle a la
Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María,
la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder
creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la
pedía que la levantaras;
166.y también le dije que te
había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal,
alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste.
167.Y escuchó bien tu aliento,
tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la
señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada
voluntad.
168.Y ahora, cuando era todavía
de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte;
169.y le pedí la prueba para
ser creído, según había dicho que me la daría,
e inmediatamente lo cumplió.
170.Y me mandó a la cumbre
del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí
cortara diversas rosas de Castilla.
171.Y cuando las fui a cortar, se
las fui a llevar allá abajo;
172.y con sus santas manos las tomó,
173.de nuevo en el hueco de mi ayate
las vino a colocar,
174.para que te las viniera a traer,
para que a ti personalmente te las diera.
175.Aunque bien sabía yo que
no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo
hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites,
no por ello dudé, no por ello vacilé.
176.Cuando fui a llegar a la cumbre
del cerrito miré que ya era el paraíso.
177.Allí estaban ya perfectas
todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay,
llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui
a cortar;
178.y me dijo que de su parte te las
diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal
que le pedías para realizar su amada voluntad,
179.y para que aparezca que es verdad
mi palabra, mi mensaje,
180.Aquí las tienes, hazme
favor de recibirlas."
181.Y luego extendió su blanca
tilma , en cuyo hueco había colocado las flores.
182.Y así como cayeron al suelo
todas las variadas flores preciosas,
183.luego allí se convirtió
en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de
la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma
y figura en que ahora está,
184.en donde ahora es conservada en
su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama
Guadalupe.
185.Y en cuanto la vio el obispo gobernante
y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron,
186.se pusieron de pie para verla,
se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el
pensamiento.
187.Y el obispo gobernante con llanto,
con tristeza, le rogó, le pidió perdón por
no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable
palabra,
188.y cuando se puso de pie, desató
del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan
Diego
189.en la que se apareció,
en donde se convirtió en señal la Reina Celestial,
190.Y luego la llevó; allá
la fue a colocar a su oratorio.
191.Y todavía allí pasó
un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo.
192.Y al día siguiente le dijo:_"Anda,
vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del
Cielo que le erijan su templo.
193.De inmediato se convidó
gente para hacerlo, levantarlo,
194.Y Juan Diego, en cuanto mostró
en dónde había mandado la Señora del Cielo
que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso:
195.quería ir a su casa para
ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando
lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatilolco para
que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho
la Reina del Cielo que ya había sanado.
196.Pero no lo dejaron ir solo, sino
que lo acompañaron a su casa.
197.Y al llegar vieron a su tío
que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía.
198.Y él, por su parte, mucho
admiró la forma en que su sobrino era acompañado y
muy honrado;
199.le preguntó a su sobrino
por qué así sucedía, el que mucho le honraran;
200.Y él le dijo cómo
cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo
confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció
la Señora del Cielo;
201.y lo mandó a México
ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa
en el Tepeyac.
202.Y le dijo que no se afligiera,
que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló.
203.Le dijo su tío que era
cierto, que en aquel preciso momento lo sanó,
204.y la vio exactamente en la misma
forma en que se le había aparecido a su sobrino,
205.le dijo cómo a él
también lo había enviado a México a ver al
obispo;
206.y que también, cuando fuera
a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo
que había visto
207.y la manera maravillosa en que
lo había sanado,
208.y que bien así la llamaría
bien así se nombraría; la perfecta virgen santa María
de Guadalupe, su Amada Imagen.
209.Y luego trajeron a Juan Bernardino
a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él
a dar testimonio,
210.y junto con su sobrino Juan Diego,
los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días,
211.en tanto que se levantó
la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac,;
donde se hizo ver de Juan Diego.
212.Y el señor obispo trasladó
a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial.
213.La vino a sacar de su palacio,
de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran,
su amada Imagen.
214.Y absolutamente toda esta ciudad,
sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar
su preciosa Imagen.
215.Venían a reconocer su carácter
divino.
216.Venían a presentarle sus
plegarias.
217.Muchos admiraron en qué
milagrosa manera se había aparecido,
218.puesto que absolutamente ningún
hombre de la tierra pintó su amada Imagen
Comentario
El texto arriba expuesto es la versión castellana
que realizó el Presbítero Mario Rojas sobre el Nican
Mopohua, una de las más populares y conocidas de
todas las traducciones. Para permitir la comparación de enfoques
y contenido, la versificación es coincidente en las diversas
traducciones del Nican Mopohua que ProyectoGuadalupe.com
irá poniendo a su alcance en el Acervo Documental. Compare
este texto con la versión castellana de Primo
Feliciano de Velázquez.
El texto anterior fue publicada en el libro Dn.
Antonio Valeriano, Traducción del náhuatl al castellano
por el Pbro. Mario Rojas Sánchez de la diócesis de
Huejutla, Imprenta Ideal, México, 1978.
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