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Máquinas
troyanas: El Guadalupanismo y la Ilustración Novohispana
Iván Escamilla González,
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
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Resumen
Con toda intención los apologistas
del culto guadalupano han minimizado u ocultado desde siempre las
dudas, los cuestionamientos y el escepticismo surgidos a través
de los años en torno a la historicidad de las apariciones
de 1531. En efecto, nunca, ni siquiera durante la época colonial,
ha habido en México una creencia unánime en torno
al milagro del Tepeyac. El problema guadalupano fue motivo de arduos
debates históricos, teológicos y científicos
casi inmediatamente después de la publicación en 1648
de la gran exégesis de Miguel Sánchez. Ello no debe
extrañarnos: la eclosión de Guadalupe ocurrió
en un momento en que los fundamentos tradicionales de la cristiandad
occidental comenzaban a ser subvertidos por la gran revolución
ideológica y científica del siglo XVII. Al mismo tiempo
que en Europa los filósofos reformulaban el universo como
un conjunto medible de relaciones matemáticas, y postulaban
la superioridad del método experimental como único
modo objetivo de incrementar el conocimiento, en la Nueva España
teólogos y predicadores criollos entronizaban como símbolo
de la nación a un culto sobre cuyos orígenes no existía
otro documento que la creencia sincera del pueblo en la manifestación
de la Virgen a un bienaventurado vidente indio. Cuando esta falta
de fundamentos frustró inicialmente las tentativas de convertir
oficialmente a la Guadalupana en patrona del virreinato, comenzaron
a definirse en torno al portento, como ocurría en el Viejo
Mundo, los campos irreconciliables de la fe y la razón.
En este contexto, el artículo
"Máquinas troyanas" estudia el papel fundamental
jugado por la discusión acerca de la historicidad de las
apariciones de Guadalupe en la introducción en México
de las corrientes de modernidad filosófica y científica
identificadas con la Ilustración. Explorando la actitud ante
el problema de sucesivas generaciones de intelectuales a lo largo
del siglo XVIII y hasta principios del XIX, se muestra como los
defensores del culto abandonaron su inicial recelo hacia los métodos
de la crítica histórica moderna para lanzarse a la
búsqueda frenética de documentos en los archivos y
bibliotecas, e incluso recurrir a la experimentación científica
como medios para obtener pruebas incuestionables de la veracidad
de la tradición. Estos intentos de dar sustento objetivo
a la fe llegarían sin embargo a un callejón sin salida,
coincidente con la agonía del régimen colonial y con
la marea creciente del escepticismo, cuyo resultado inevitable fue,
de acuerdo con el autor, el divorcio entre la creencia popular y
las pretensiones racionalistas de los intelectuales guadalupanistas.
De esa manera, el debate sobre la historicidad de las apariciones,
aparentemente cerrado tras el escándalo del sermón
de fray Servando Teresa de Mier de 1794, sería reabierto
tras la independencia en un contexto totalmente distinto, en el
que la definición del nuevo proyecto de nación alimentaría
el enfrentamiento entre aparicionistas y antiaparicionistas.
Publicado originalmente en Relaciones.
Estudios de historia y sociedad, no. 82, 2000, Zamora, El Colegio
de Michoacán
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