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Un
culto se forma tanto de la historia que se cuenta como de la fe
de las gentes, es imposible que quien va
a un santuario, como el de Los Remedios o el de Guadalupe, no se
impresione por la galería de los exovotos, igual que tampoco
puede pasar por el santuario y no ver la fe de los devotos que vienen
a implorar la intercesión de lo sobrenatural para las angustias
que encierran al pobre hombre.
Para hacer el ocurso a lo sobrenatural hay que
tener fe. Es cosa muy distinta lo que creemos de lo que somos capaces
de conocer, y en la fe radica lo distintivo de cualquiera de las manifestaciones
religiosas encontrables en cualquiera de las religiones.
De mi investigación sobre los cultos,
resulta que la historia que se cree y se cuenta difiere de la que
los documentos nos dan. Una serie de acontecimientos históricos
va entretejiendo el proceso del crecer y menguar de un culto o devoción
y ellos responden a muchas condiciones ajenas al mismo, como que también
la fe y la creencia son manipulables para conseguir poder o dinero.
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| En el caso de la devoción a la
Virgen de los Remedios ésta se inició en la creencia
de que ella libró del destrozo al ejército español
en la huída de la Noche Triste, cuando los persiguieron los
aztecas y casi los acabaron. Al concluir la conquista se erige una
ermita a la Virgen que llevará el nombre de los Remedios o
de la Victoria, colocando allí la imagen que conocemos; las
gentes de la Ciudad se olvidan de ella, mientras que los pobres indios
del rumbo la visitan y la cuidan.
Cuando vienen los problemas y tienen graves dificultades los descendientes
de los conquistadores, vuelven los ojos a su fe y en su angustia
se acuerdan de la pequeña y olvidada imagen y deciden reconstruir
su culto, fincando una iglesia, en sustitución de la ermita
abandonada. Cuando las calamidades les angustian y parecen ahogarlos,
llevan la pequeña Imagen a la Ciudad pidiendo a Dios que
los libre de la sequía o de la peste que extermina a los
indígenas.
De allí en adelante la gente se enfervoriza y seguirá
trayéndola a México cuando la falta de agua vuelva
el año estéril o en sus necesidades particulares la
buscarán en su santuario llevándole limosnas y frecuentando
la vida sacramentaria y participando en las devociones que allí
se desarrollan.
La curiosidad busca averiguar lo maravilloso en los orígenes
de la Imagen y se acepta la versión que dan los indígenas
del rumbo, a quienes nadie osa contradecir, contando que se apareció
a uno de ellos, quien después la encontró abandonada
en el monte e indicándole después que deseaba se le
construyera una iglesia.
Esta historia que constituye los estudios clásicos del padre
Luis de Cisneros (1621) y del jesuita Florencia (1685) quedan en muy
distinta perspectiva de la que se puede averiguar en base a los documentos.
Igual sucede con la investigación documental sobre el origen
del culto guadalupano, de mayor fascinación actualmente que
el de Los Remedios, en el que difieren también la historia
creída de aquella documentable: Parece que antes que se venerara
el lienzo sagrado de la Virgen que conocemos, existía allí
una ermita bajo la advocación de Guadalupe, tomando el título
de la del célebre santuario español, venerada por Colón
y Cortés, y conocida de todos los conquistadores, especialmente
por los extremeños.
Allí se colocó originalmente una imagen de la Virgen
de Guadalupe que dio nombre al lugar. La documentación indígena
avala un hecho maravilloso, la aparición de la Virgen a un
indio; según la narración de cómo había
visto a la Señora se pintó la imagen que conocemos,
maravilla de retrato de una doncella mestiza que pronto ganó
la devoción de los españoles, resultando para los indígenas
una interesante combinación de las características con
que identificaban a la antigua deidad venerada en Tepeyacac, la Tonantzin,
y la nueva devoción a la María de los conquistadores.
El pintor era indígena y la veneración del lienzo fue
aprobada por el arzobispo Montúfar, quien tuvo que sufrir las
críticas de los religiosos franciscanos que veían riesgoso
fomentar una devoción a una imagen pintada por un indio pues
sospechaban que encubría todo un mundo de devociones prehispánicas
ligadas a ese lugar donde se había tenido uno de los importantes
santuarios prehispánicos a la Diosa Madre.
La gente, que no se detiene ni repara mucho en linduras teológicas,
continuó en su devoción al santuario y a la nueva imagen;
el lugar, siempre lleno de flores, incienso y velas, igual que de
indios que con sus danzas y pereginaciones venían de muy lejanas
tierras, restablecía la vieja costumbre, aunque no se les podía
acusar de que no vinieran a honrar a la Virgen, a quien ellos llamaban
Nuestra Madrecita, como lo habían hecho siempre.
La noticia de la aparición al indio y la historia por él
contada se borró -o nunca llegó- de la memoria y conciencia
española, pero se mantuvo en el indígena más
fiel al recuerdo y a la tradición. En ocasión de las
fiestas entre los indios, se contaba, cantándola, esa historia
de la aparición, pero como era en lengua nahuatl, que no entendían
la mayoría de los hispano hablantes, éstos no llegaron
a conocerla.
En otro momento de crisis de la identidad mexicana, con los problemas
agobiantes de la inundación de la Ciudad, el acoso de los corsarios
y otras calamidades, se recuerda esa devoción y sucede con
tal éxito que se convertirá en la indiscutible devoción
de todos los mexicanos hasta nuestros días.
Así en la pesquisa que permita adivinar la formación
de la historia Guadalupana, cualquiera de los datos que hemos venido
recogiendo es importante. Por los documentos parece que a la primitiva
ermita franciscana situada en Tepeyac se la convierte en capilla por
parte del arzobispo Montúfar favoreciendo el culto del lugar
contra la oposición de los franciscanos que consideraron esta
medida una más de las agresiones sistemáticas que los
obispos tomaban para recuperar el control de la organización
y crecimiento de la Nueva Iglesia.
Hubo una novedad escandalosa en el culto favorecido por el arzobispo:
Sobre la primitiva imagen de bulto que se veneraba en el lugar, bajo
el título de Guadalupe y que hacía referencia al culto
español de muchos de los conquistadores y pobladores, se empezaba
a venerar una nueva Imagen pintada en una tela por un indio, en ella
se concentró de inmediato la oposición de los franciscanos
cuanto la devoción de los fieles.
Imágenes, la de bulto y la de tela, que constituyen dos manifestaciones
devocionales que captan a los devotos que se asoman al lugar, unos
que van de viaje y creen no llevar las cuentas claras con Dios si
no se acuerdan de su Madre, y otros que aprovechan los fines de semana
o cuando hay luna llena para ir en peregrinación a la Ermita,
la que se va poco a poco convirtiendo en capilla, y a donde van a
tener sus devociones, llevar sus mandas o hacer sus novenas.
El lugar con la concurrencia crece en limosnas de parte de los españoles,
mientras que los indígenas siguen llevando sus danzas, se organizan
para barrer y adornar (enflorar se diría hora en la cultura
indígena), ofrecer incienso a las imágenes e invocarlas
como dioses protectores en la especialidad de custodios contra los
excesos de agua que hacen sentir los riesgos de inundación
sobre la Ciudad, y aunque ésta afectaba más las chozas
de los indígenas hechas de adobe que a los palacios y casas
fuertes de los españoles, quienes se habían apoderado
de lo alto de la isla y las venían construyendo de cal y canto,
aungustiaba por igual a ambas repúblicas.
Lo popular del lugar va a dar la oportunidad a toda una economía
en que el arzobispo pretende sustraerla al interés del Cabildo
Eclesiástico igual que al control de los franciscanos confiándolo
a un sacerdote secular que funja como capellán. Los fieles
se organizan pronto en Cofradía empezándose a hacerse
cargo de las limosnas y procurar darles un empleo social y caritativo,
los miembros españoles de la misma, competirán en devoción
y en presencia con los distintos pueblos indígenas de los entornos
que darán contribución en faenas para construcción
de capilla. Detalles estos de la historia que cuento en Dos
cultos fundantes, Remedios y Guadalupe, 1521-1649, Historia Documental.
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